viernes, 5 de diciembre de 2008

El taxi, la casa y el hombre viejo

Subiste al taxi, callada, no hablaste durante varias cuadras, quizá tratabas de leerme la mente. Pensaba en la crisis, en los cuates que no han llegado al taller, en que también tengo corazón, y los sentimientos generados en el cortejo son agradables, permiten pasar buenos momentos. Ahora que el taller no ha tenido continuidad, los patojos han encontrado actividades alternas, te has convertido en un respiro, una plática agradable, salida al cine, cenita en casa, almuerzo con familia.

Me sorprendió la propuesta de ir a mi casa, entré en pánico, no podía recordar si recogí mis calcetines, mis calzoncillos, ¿se habrá metido el gato de la vecina? Siempre deja orines y heces, le gusta ese rincón del baño. ¿Hace cuanto cambié las sábanas? ¿dejaría restos de comida al lado de la computadora? Cuando uno vive solo no se preocupa de los detalles, el sofá se hunde entre capas y capas de objetos, libros, revistas, volantes publicitarios, estados de cuenta, ropa que no encontró su camino al clóset.

En el silencio pude observarte, percibí un pequeño brillo, una lejana excitación, me concentré en tus ojos, te tomé la mano, estaba fría, sentí la adrenalina subiendo por tu cuerpo, ambos en un estadio intermedio entre el miedo y la expectación. ¿Hace cuanto tiempo que no le pedías a un a un hombre que te llevara a su casa? proponerle algo más. Lo mío llegaba al terror, meterte en mi cama llevaba implícito el riesgo de algo más, una relación, un compromiso, soy paranoico. Era inevitable evocar las mujeres que se han enamorado de mí, con las que no he querido nada en serio; en este país es difícil que una mujer se dé libertades.

Acaricié tu mano, con la yema de mis dedos, entonces mi paranoia me dijo que tenías miedo, que quizá estaba forzando la situación, quise calmarte, pero me devolviste una sonrisa, lo hizo a la fuerza me dije, le salió artificial.

Ya en la puerta de mi casa sentí el deseo de decir: ¿segura que quieres entrar? pero me contuve, esas demostraciones de corrección suelen ser interpretadas como inseguridad, he aprendido que a las mujeres no les gusta eso. Para mi era el último chance de escapar de lo que, según mi paranoia, tu creías era un compromiso.

Dejé notar mi nerviosismo al abrir la puerta, las llaves se cayeron un par de veces, reímos, sirvió para liberar la tensión.

Mi casa no es una casa, es un apartamento del centro de la ciudad, una habitación enorme, un baño al final del corredor, medio patio (la dueña lo partió con una pared), un garage y una cocineta pequeña. La habitación tiene frisos y molduras de otra época, creo que se trataba del salón o sala principal, al fondo del patio quedaron chunches viejos, algunos aprovechables, como el escritorio, cuatro sillas que tengo para usar con una mesita cuadrada, de esas que venden por cien pesos en la avenida Bolivar. Es raro, no me había pasado antes, pero hubiera querido tener algo mejor que la cama de metal barnizado, que cruje horrores, sentí que el colchón de algodón apelmazado y las libreras que sirven de biombos, y dan una falsa sensación de privacidad, eran poca cosa. Cuando viniste a invitarme al fiambre dijiste que te parecía uno de esos lofts industriales de Nueva York. Siempre pensé que ese día fuiste condescendiente. Para mi fortuna todo estaba más o menos limpio, aunque sobre el sofá amarillo huevo, que me regaló la mamá del Adán, cuando compró uno más decente, tenía mi traje beige, el portafolios, zapatos y dos camisas recién lavadas, además de un par de calzoncillos, de esos de abuelito (también recién lavados). Reíste mientras recogía todo, y lo colocaba en un rincón, con la clásica frase: lo siento pero no he tenido tiempo de limpiar; al menos no habían restos de comida. Sólo un vaso que apareció debajo del sofá, con un material verdoso adentro.

Me senté a tu lado, te ofrecí agua, un café, habías visto el vaso, no te arriesgaste, no te preocupes, estoy bien, sólo siéntate a mi lado, dijiste.

Conversamos un rato, actué como un chaval enamorado, quería estar más cerca, pero no me atrevía, no soy tímido, rara vez me pasa, pero percibía temor en tus ojos. Ahora que leo tu carta me doy cuenta que estaba equivocado.

Salú pue.

10 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Extraordinario final.

Esteban Dublín dijo...

Le cambiaría el título, Johan.

Lena yau dijo...

Triste y dulce a la vez.

Me gustó, Johan.

Un abrazo!

el Kontra dijo...

Muy bueno Master, me llega y concuerdo Esteban con el final. Salud.

Anónimo dijo...

Excelente.
Perdón que siempre firme anónimo pero me da weba abrir una cuenta acá.
Anónimo 09

Nancy dijo...

Cuánta ternura. Qué lindo, Johan. Apapachitos

Anónimo dijo...

Oiga, compléteme el cuadro: ¿tiene olor a humedad, ropa mojada y mohosa?
Termine de cortazariarse, vamos, que está ahí. La Rue de Conti hecha depto de la Zona 6. No diga que no, si sí.

Me gusta cómo va, JBW.

Johan Bush Walls dijo...

Esteban: Gracias, muchas gracias, aprecio mucho la lectura. Gracias también por la sugerencia sobre el título.

Lena: Que bien que te haya transmitido algo el texto. Salú Lena de los poemas en prosa y de la prosa poética.

Kontramaestro: que bien que le haya gustado. Por cierto, no ha organizado una posada. A ver si se avienta una pue.

Anónimo 09: Hace bien en identificarse, porque luego pueden venir otros anónimos a hacerse pasar por usté. También me alegro que le haya gustado.

Nancy: Es la primera vez que me das apapachitos, celebro eso, me agradaron.

Gemelo malvado: Siento decepcionarlo un poco, ya no hay humedad ni moho, la época lluviosa terminó. Hay polvo, y frio que se cuela por las rendijas, esta época del año es seca, pero fría.

Con Cortazar, le cuento que alguna vez tuve Rayuela como libro de cabecera, pero era una edición de pasta dura y dolía la cabeza, incluso si uno ponía una buena almohada sobre el libro; era imposible conciliar el sueño, lo tuve que cambiar.

Que bien que le haya gustado el relato.

Salú pue, no cambien la sintonía.

PROSÓDICA dijo...

Muy íntimo, me gustó. Vos algo te andas cocinando, verá Johan?... presiento que algo nuevo te pasa, algo se ha activado en vos o estas pasando por algo por lo que no pasabas... eso siento... no sé si sea malo o bueno (casi segura que es bueno), pero hay algo distinto en tu vida, en tu día a día, casi puedo apostarlo.

Sino, olvida todo el palabrerío anterior jajaja.
AAAABBBBRRRAAAAZZZOOOOTTTTEEEEE

Johan Bush Walls dijo...

Prosódica: Siempre hay cosas nuevas maestra, malas y buenas, el tema está en dejar ir las malas y quedarte con las buenas. Me parece que esa apuesta la ganarías.

Abrazo pues.

Salú