martes 17 de noviembre de 2009

De los que no buscan será el reino de lo inesperado

No he tenido pareja estable desde hace varios años, pero me las ingenio para no estar solo todo el tiempo. La compañía de una mujer es de lo que más se disfruta en esta vida, pero ya saben: todo con medida, nada con exceso.

Eso sí, cuando la compañía femenina escasea siempre están los cuates; aunque hay días en los que definitivamente hay que apechugarse con la soledad, cosa que no tiene nada de malo, también es agradable.

Las últimas semanas ha habido escasez de unas y otros; pero no me preocupo, ni me siento solo, estoy seguro que será un tiempito, nada más. Los cuates andan cada quien en su rollo. El Adán ha venido a buscarme para que le de consejos, siempre le digo que utilice preservativos, a lo que responde que ya aprendió la lección y me muestra la cajita que carga entre su mochila. El Jonás está ocupadísimo, así dice él; yo le creo, porque entre su numerosa prole y la iglesia, a saber cómo le hará. El Beto se conectó una su chica que hace trabajo voluntario y, como anda encampanado, viaja con ella a todos lados.

En esas de estar y no estar con alguien, una tarde pasé enfrente de la casa en la que dicen que está un lugar que se llama Libre café. Como ya me habían contado que no tiene rótulo y que la puerta está cerrada, pero se toca y lo atienden a uno, entonces me paré y toqué; salió a abrir una muchachita, flaquita, flaquita ella, bastante amable, quien me dijo que pasara adelante.

El lugar se ve medio caótico. Entré, hice mi observación rutinaria, caminé por los corredores, no es tan grande; en las paredes hay unos murales bien chileros, aunque da la impresión que no están terminados; por otro lado pude ver una cuna blanca, con un móvil del que penden unos machetes, también blancos; parece que algún artista conceptual la dejó olvidada por ahí; bonito juguete para los niños, pensé.

Me acomodé en una mesita, pregunté qué había de comer, no me dieron muchas opciones, por lo que pedí un pay de pollo y una ensalada de tomate, venía decorada con sal negra y albahaca; bien rico todo.

Ahí estaba yo, distraído, cuando levanté la vista y que me encuentro con la imagen de una patoja como de unos 30 años, sentada en la mesa de enfrente, tomándose un su café, solita, igual que yo. Sostenía en la mano izquierda lo que parecía una partitura y con los dedos de la derecha marcaba el ritmo sobre la mesa, tac, tac, tac, se oía. Vestía unos jeans, tenis; blusa sencilla, pero sexy; tenía el pelo corto, llevaba puestos unos antejos de aros y patas anchas, de esos que están de moda; eran notorios los piercings que cubrían todo el lóbulo de su oreja derecha; bonita se miraba, pero no le puse mayor atención.

Volteé a ver hacia otro lado, mientras sacaba de mi morralito un lápiz y un cuaderno, cosas que siempre llevo conmigo, pero nunca uso. Los puse sobre la mesa y adopté posición de: primero pienso, luego escribo.

A tomar el lápiz iba cuando escuché una vocecita que me dijo: me lo prestás. La niña se había movido sigilosamente hacia mi mesa. Ya sentada, hizo algunas anotaciones en su partitura, borró algo, lo volvió a escribir, sacudió la hoja, la dejó a un lado, me miró a los ojos y se puso a hablar. Me contó que era la primera vez que visitaba el lugar, que estudiaba en el conservatorio nacional de música, que su instrumento preferido era el piano, que no tenía novio; que vivía sola, ahí en el centro, a unas cuadras de Libre café; que le gustaba la literatura, que no le gustaba salir con menores que ella, que prefería los mayorcitos, que tenía 29 años; me dio su opinión sobre política, deporte, espectáculos; me sorprendió su humor ácido y sus comentarios desenfadados, como cuando dijo: me gustaría pedir un espagueti al porno; ah, al forno, dije yo; a lo que replicó: no, al porno, desnudo, sin nada encima. Otra de sus buenas puntadas fue cuando mencionó: la única forma de poner el nombre de Guatemala en alto es escribiéndolo en un barrilete y soltar todo el hilo del carrizo.

Conversamos un buen rato, hasta que me dijo que tenía que irse. Me ofrecí a acompañarla, pero resultó que fue ella quien me llevó, pues tenía parqueado su carro afuera, y como ustedes saben, si no lo saben se los cuento, yo ando a piecito.

Le agradecí el aventón, me despedí de beso, pilas que es uno; a bajarme iba cuando me dijo: Johan, tengo entradas para un concierto de piano que habrá la otra semana en el auditorio de la Marroquín (la universidad), ¿me acompañás? Ulugrún, dije yo, dentro de mí. Traté de quitar mi cara de sorprendido, al tiempo que respondía: me encanta el piano y dicen que esos chavos que darán el concierto son bien pilas... No terminé de pronunciar la frase porque ella interrumpió: entonces paso por vos.

Aquello fue algo extraño, no porque se trate de una patoja tan joven, eso ya me ha sucedido otras veces (aunque recuerden que soy un pajero); lo digo porque el concierto estuvo bien calidá y la compañía mejor; cuesta que eso suceda.

Salú pue.

martes 3 de noviembre de 2009

Fiambre, difuntos, “reguetón”; o de cómo la vejez cambia la forma de ver las cosas

Maestros y maestras que visitan mi semi-abandonado blog, les cuento que este año no hubo fiambre. Voy a sonar como despechado, pero la verdá es que no mucho me gusta el mentado platillo, tiene demasiados ingredientes. El año pasado me di una buena comilona, con chelitas y todo; pero estaba en buena compañía, así uno se anima a hacer concesiones.

Para los que no lo saben, el fiambre se come una vez al año, el 1 de noviembre; es una mezcla de todos los embutidos habidos y por haber, colocados sobre una base de verdura picada, curtido que le llamamos en Guatemala.

Muchas tradiciones se vienen cuando inicia noviembre, partiendo del hecho que todos acuden a adornar las tumbas de sus muertos; aunque luego, luego, dan paso a la temporada navideña.

A mí esos rituales con la muerte se me hacen insoportables. No tiene que ver con que le tenga miedo, es que no me gusta ir a los cementerios; por mi parte los muertos pueden descansar en paz. No es que sea un tipo sin sentimientos, yo también tengo mis muertos, a los que recuerdo de forma recurrente: mi abuela, mi madre, la madre de mis hijos; pero nunca he visitado sus tumbas, es parte de mi forma de ser.

La cosa es que, a pesar de ser una tradición del día de los santos difuntos, para mí, comer fiambre más me parece una celebración de la vida; en línea con el comamos y bebamos que mañana moriremos.

Pero ya la fecha pasó, yo sigo hablando del tema porque mi cabeza está hecha un revoltijo; bueno sería tener el orden de Miss Trudy, quien siempre llena sus post de actividades, pero bien ordenaditas las presenta.

Como dicen que escribiendo uno hace espacio para nuevas ideas, además espero que al comentar acá algunas trivialidades pueda poner un poco de orden en los pensamientos, pues ahí les van.

Hace unos días, en una de esas ventas de antigüedades, veía un teléfono sin números ni disco. Un niño se le quedó viendo al aparatejo y le preguntó a su papá: ¿qué es eso papi? Él respondió: Está raro vos, parece un teléfono, pero a saber cómo funcionará. Resistí la tentación de contarles que se trataba de un teléfono de los que se usaban hace unos cuarenta años, cuando habían operadoras que comunicaban con otros números; sólo se levantaba el auricular y timbraba en la central, donde una amable mujer decía: ¿con quién quiere hablar?. Yo siempre olvidaba el número, entonces la señora pedía el nombre, uno decía: con doña fulanita de la tienda, y la amable señora nos contaba que había salido de viaje a ver a su abuelita enferma y no regresaría hasta dentro de unos días. Mucho mejor que esas dichosas contestadoras automáticas que hay en estos días. Supongo que un niño de esa edad, tenía como 10 años, ya debe tener entre la bolsa un celular 3G, o una Black Burry, o Berry, da lo mismo. Si que estoy viejo dije en voz alta.

Visualizando el celular estaba, cuando empezó a sonar una melodía de ritmo reguetón, ya melodía, a esa bulla que bailan los patojos de ahora me refiero. De inmediato recordé un video que me llegó por email, en donde una pareja baila el mencionado ritmo.

Púchica maestros y maestras, eso es bailar, lo demás son babosadas, si vieran a esos dos, es algo así: Ella le da la espalda, él la toma de la cintura, ella arquea el cuerpo hacia adelante, él se arquea hacia atrás, ella le pega las nalgas, él extiende los brazos, ella se mueve rítmicamente sin despegarse, él le pone una mano en el vientre, ella no deja de moverse y se arquea más, él levanta una mano como si fuera jinete de jaripeo, ella se da la vuelta, él se queda parado y abre las piernas, ella se pega de nuevo y se mueve otra vez en círculos, ella se pone como que fuera perrito, él la monta por detrás, ella se da vuelta y hace como que le baja el pantalón, él le pone las manos en la cabeza, ella hace como que succiona, él hace como que traba los ojos. Es una especie de video porno, pero ambos están vestidos. Bien pilas para bailar.

Sin embargo, miren como cambian las cosas, también recibí otro video, la misma música, el mismo baile, el mismito, así sin paja, con la única diferencia que los protagonistas eran niños de entre seis y diez años (si no me creen gogléenlo), que estaban en la celebración de un cumpleaños y alentados por padres y madres, participaban en un concurso de baile. Aquí si me chocó el asunto, para que se los describo, si era como estar viendo pornografía infantil.

Me puse a pensar en lo mucho que cambian los tiempos y como la gente es producto de su entorno, no tengo nada en contra del reguetón, pero es inevitable pensar que los niños de esa fiestecita, de seguro, estarán teniendo sexo a los once o doce años.

Quizá ya estoy viejo y me estoy volviendo puritano, pero creo que eso no se hace con los patojos.

Salú pue.

miércoles 14 de octubre de 2009

Apagón


El domingo pasado, hace unos diítas, hubo un apagón en toda Guatemala; la versión oficial dice que un rayo cayó en la sub-estación del INDE (Instituto nacional de electrificación) ubicada en Escuintla, por lo que durante dos horas consecutivas la luz brilló por su ausencia.

Por ahí salió un español, quien dijo llamarse, o ser, algo así: El monje. El tipo afirmó haber sido el causante y que era el líder de trescientos mil campesinos armados, quienes conformaban la nueva guerrilla del siglo XXI. Yo creo que ese chavo quería irse a España y como no tenía pisto para comprar el boleto aprovechó el apagón para hacerse notar. La cosa es que le resultó, porque el gobierno lo deportó; o sea que lo puso en un avión y lo devolvió a la madre patria.

Pero no ese eso lo que les quiero contar. Resulta que ese día me encontré por ahí a la maestra que escribe las Historias citadinas, en el momento justo del apagón. Yo sé que más de alguno pensará que soy un pajero, por eso les aporto la prueba, que ella misma dibujó, ahí estamos uno a la par del otro.

Salú pue.

lunes 5 de octubre de 2009

Star Wars o los dioses de mentira o que la fuerza nos acompañe

Por ahí anduvo circulando la invitación a asistir y exponer en la V convención de Star Wars en Guatemala. Es increíble la cantidad de gente que todavía sigue empatinada con esos muñecos; se volvió una especie de sub-cultura, hasta una religión Jedi creo que hay.

Nunca fui seguidor de ese rollo, quizá porque cuando estrenaron la primera película ya tenía más de treinta años; y la literatura me absorbía, era mucho más importante que un juego de niños (esa última frase fue chingandito, la escribí para dejar salir el snob que llevo dentro).

Recuerdo que en el cine hicieron tremendo alboroto cuando trascurrieron aquellos pocos segundos en los que, entre la copa de los árboles, sale uno de los templos mayores de Tikal; ni se miraba bien, pero la mara es bien novelera.

Una cosa que decían de esa primera película es que los efectos especiales eran los mejores de la historia del cine. Estaban chileros, eso nadie lo niega, hay que tomar en cuenta que era 1977, aunque ahora se ven bien chafas. Muchas de esas naves daban la impresión de ignorar las leyes elementales de la aerodinámica, de lo que yo no sé nada, pero se oye bonito decirlo; a lo que quiero llegar es que se me hace difícil creer que una nave en forma de pelota pueda alzar vuelo; pero repito, que sé yo de eso. Además todo era fantasía y ahí si que la imaginación no tiene límites.

El Adán, quien es fan de la mentada saga y no se pierde la convención, me contó que la onda estuvo dos que tres. Hubo mara que se disfrazó, otros que expusieron sus colecciones de juguetitos, que ya dejan ver el maltrato de los años. Unos chavos de una academia de artes marciales hicieron exhibiciones con sables de luz, bien simpático el evento.

Siempre he creído que no tiene nada de malo que la banda se engolosine con esos rollos; pero también pienso que son bien exagerados cuando dicen que ese George Lucas es un genio, porque se inventó todo ese universo; y los gringos bien macizos, porque a falta de mitologías propias y dioses ancestrales, adoptaron a esos muñequitos como sus héroes mitológicos.

Lucas, quien para nada es lucas, lo único que hizo fue agarrar un poco de todas la mitologías, habidas y por haber, y las convirtió en caricatura y en el negocio de su vida; ahí si que fue bien pilas. Al final, sólo repitió, con mayor éxito, lo que ya habían hecho antes los creadores del universo Marvel y los DC Comics; hasta el Santa Clos, mezcla de dios pagano y santo católico, entra en la colada.

Todos esos héroes y villanos le deben a las mitologías griegas, japonesas y escandinavas; eso ya se sabe; pero debo reconocer que algún talento poseen los escritores que inventaron tal subcultura. Por ejemplo, algo tienen que tener diálogos como: Luke, yo soy tu padre, para que el actor no se carcajeara mientras lo repetía frente a las cámaras.

Como los seguidores de la fuerza se cuentan por millones, mejor la dejo ahí, porque no quiero que vengan y me partan en pedacitos con sus espadas de luz y luego se los den de comer al Jaba.

Salú pue.

jueves 24 de septiembre de 2009

Relaciones, atracciones y otras fatalidades

A pesar de mi timidez les he contado algunas cosas que pasan al terreno íntimo, recuerdan el episodio de Marina (quien no se llama así); además por ahí he mencionado a mis dos hijos, ellos viven en el extranjero y la única comunicación que tenemos es vía Skype y correo electrónico. Aparte de eso muy poco, pero no se hagan ilusiones, así seguirá este rollo, la timidez no se quita de un día para otro.

Hace unos días me topé con Marina (ese no es su nombre, pero así le decimos aquí entre nos), la iba a saludar, ya saben, iluso que es uno, creyendo que se pueden mantener relaciones amistosas con las ex, pero se hizo la loca y se cruzó la calle. Me quedé un poco contrariado porque quería platicar con ella. La verdad, así sin pajas, es que estaba buscando alguien con quien platicar, sin importar quien, era uno de aquellos días en los que la soledad ataca, pero se pasa rápido.

Seguí caminando y llegué a La casa de los nazarenos, ese cafecito que está enfrentito del Conservatorio nacional de música. Entré, pedí una mi tacita de café, saqué un mi librito, me acomodé, adopté mi pose antropológica, pero como no había nadie me puse a cazar moscas con la vista; nada que con la mano, como Obama; o con palillos chinos, como el Karate Kid; yo con la pura vista, así miren, así.

Unos minutos habían pasado cuando entró una pareja, bien chavitos ellos, parecían estar peleando, digo yo, porque la gente no se habla gritando. Se sentaron uno frente al otro, ahí fue cuando confirmé que estaban peleando, pues aunque no los conozco, es casi seguro que de estar contentos se hubieran sentado a la par. Cuando uno es patojo aprovecha cualquier lugar para apechugar a la novia.

La niña tenía los ojos rojos, su compañero miraba al horizonte, ella rogaba, él se dejaba rogar, pura escena de telenovela mexicana parecía. Pidieron un café y siguieron con la pelea, así pasaron algunos minutos. Finalmente ella sacó un peluche de su mochila (al mismo tiempo salieron volando unos cuadernos), le arrancó la cabeza, tiró una parte al suelo y la otra a la cara del patojo (pero no le acertó), se dio la vuelta y se fue; el chavito se quedó con cara de tonto; yo que soy muy observador me di cuenta que esa cara ya la llevaba cuando entró, o sea que no fue por el clavo que se le puso así.

Entonces, de golpe, me acordé de una novia que tuve, hace muchísimos años, era una muchacha bonita, aunque nada excepcional; me gustaba cuando se me quedaba viendo, como dicen los mexicanos, con ojos de borrego a medio morir. Era bien linda, se esforzaba mucho, me escribía largas cartas de amor, y también poemas, decían más o menos así: pero me acuerdo de ti y se me desgarra el alma; n’ombre esa es la letra de una canción. Lo que les quiero decir es que se plagiaba canciones y poemas, luego me los dedicaba; se daba a querer.

La relación no duró mucho, porque de una carta a la semana, pasó a una diaria y después a dos o tres. Ahora agradezco que no haya sido en estos tiempos de Internet, correo electrónico y blogs, porque me los llenaría en un decir Jesús. El asunto es que se convirtió en una Fatal atraction (no me vayan a decir que no se acuerdan de la mentada película), afortunadamente yo no tenía conejos que me pudiera poner a hervir. Me libré de ella más fácil de lo que imaginé: me cambié de casa y no le di mi nueva dirección.

Ahora que lo pienso, hay muchas parejas que se convierten en fatal atraction. Cuando uno llega a sentirlo han acaparado todos los espacios, se hacen omnipresentes (pero no porque sólo quieran mantenerse en el Omni), cuando uno no está llaman, y si no se les da aviso cuando se sale se ponen agresivas y terminan llorando, bien manipuladoras. Lo peor es que como cuesta librarse de ellas.

Yo creo que no sólo las mujeres se transforman en atracciones fatales, también deben existir hombres que lo hacen, pero eso que lo cuenten las estimadas maestras que tengan a bien leer esta notita.

Salú pue.

lunes 14 de septiembre de 2009

Independencias, dependencias, el señor León y la negra que tiene tumbao

Es el cumpleaños de la patria, el estribillo anda en boca de todos. Se pone bien azul la ciudad, llena de banderitas, bien linda se mira.

La verdá que ese rollo de la independencia ni me va, ni me viene. Pensarán que lo digo porque no nací en este país, pero no duden que me siento tan guatemalteco como tú. Sucede que soy iconoclasta y no puedo hacer nada al respecto.

Siempre he dicho que la independencia está bien, ya vieron que Gandhi se moría por ver una India libre, y así fue. Por eso no minimizo esas cosas, cada quien puede ponerse banderitas donde lo crea conveniente y celebrar, y marchar, y tocar redoblantes.

El asunto viene a colación porque unos hablando de independencia y yo ando de dependencia en dependencia. Les cuento: estoy haciendo un mi trámite burocrático. Como saben, esos señores son especialistas en complicar todo y lo que debió haber tomado un par de horas se convirtió en aquella famosa historia que escribió Kafka. Entonces me mandan y regresan de una a otra dependencia, estas a su vez dependen de alguien que, según dice, no puede darme una solución.

Se trata de algo simple, eso creo. El patojo de la ventanilla tiene voluntá, claro que él depende del titular de la dependencia; por eso me envió a otra dependencia, para ver si podían ayudarme; pero nel pastel, ellos también dependen del mismo jefe. Así es que me toca esperar a que pase el feriado por la independencia patria. Me la hicieron cansada y así me siento, cansado.

Por eso terminé pensando que la independencia nos dejo llenos de dependencias que complican la vida del ciudadano independiente.

Todavía estresado, llegué al internet del Adán buscando algo de relax o de relajo en la web, y con ganas de contarles el asunto. Me senté, al rato me di cuenta que tenía una llamada perdida y un mensaje de voz; lo escuché y resulta que una linda y agradable voz femenina me dice: Johan, por favor puede comunicarse con el señor León, al teléfono xxxxxxxx, para un asunto que le interesa.

Tuve la intención de devolver la llamada, pasó por mi mente que alguno de esos burócratas se había compadecido de mí. Eso no sucede, me dije, al tiempo que recordé la broma clásica.

El Adán y el Beto me miraban de reojo, fue ahí que les eché a perder el chiste. Ni crean que voy llamar al zoológico y preguntar por el señor León, esa broma es tan vieja que creo que la inventó el mismo Noé, les dije. Se quedaron viéndome, con cara de decepción. Yo seguí escribiendo mi post.

No sólo los trámites burocráticos hacen estragos, también los desfiles, aunque a la larga hacen menos que las procesiones, así es el centro histórico. En estos días el tráfico se pone peor que de costumbre, porque ahí anda la mara de arriba para abajo, corriendo con una antorcha en la mano, y todos atrás de quien la lleva, como que fuera Forrest Gump.

Conste que muy de vez en cuando se tiene suerte y el congestionamiento es provocado por algo que vale la pena ver; como sucedió hace unos días.

Se acuerdan de aquella morenaza que aparece en el video de Celia Cruz, el de la canción que se llama, o que dice: La negra tiene tumbao. Fíjense que iba con unos cuates, caminando a la altura del Artecentro de la fundación Paiz (de lo poco que les quedó después de haber vendido los supermercados a Walmart), y que empiezan a circular más despacio los carros, y aprovechando el rojo del semáforo se quedan parados y así se mantuvieron, a pesar de haber cambiado a verde.

Yo soy mero distraído y primero me di cuenta del embotellamiento, pasados unos segundos volteé la mirada y que se revela ante mis ojos tremenda mujerona, era ella, la misma del video. Fue ahí que entendí por qué todos se quedaban observando; si hasta una patoja le pegó un codazo a su novio, no porque él estuviera viendo, más bien porque él no había visto, lo codeó para avisarle, buena onda ella.

El espectáculo duró unos minutos, la chica correspondió las miradas, sonrió, se detuvo, luego siguió caminando, moviéndose más, como en el video. Fue impresionante, aun después de haber desaparecido todos quedamos con la vista fija hacia el lugar en el que estuvo.

Con esta evocación se fue mi estrés, al grado que dije en voz alta: claro que tiene tumbao la negra.

Salú pue.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Apuntes del día noveno, del noveno mes, del noveno año.

En el día noveno, del noveno mes, del noveno año del tercer milenio, sucederán cosas extrañas. Es un intento de profecía, aunque nunca he sido bueno para ver el futuro, no niego que a veces me dan ganas de entrarle a la profetizada, como hacía Juan Dámaso. Mejor esas cosas se las dejo al Jonás.

El día tiene algo de cabalístico, pero me temo que hace falta que sea el año 9999 para que de verdad se preste a más supersticiones. Si alguno vive hasta esa fecha me cuenta, aunque pensándolo bien no podría hacerlo porque no estaré.

El Jonás y el Adán dicen que alguien pronosticó un cataclismo para el 09-09-09, a las 09:09; ya ven que no pasó nada. También mencionaron que alguna gente opina que será a las 09:09pm. Digo que no hay de que preocuparse, nada pasará; además en la noche ya serían las 21:09.

Dejando de lado los delirios de profeta, pues no tengo ningún talento para ello, viene a mi mente un post del maestro Juan David Vélez, colombiano él, quien tiene un blog bien chilero. Él habla de sus talentos y leyéndolo me dieron ganas de explorar dentro de mí, para ver si tengo alguno.

Hace algunas décadas, cuando todavía daban boleto al subir a la camioneta, ¿recuerdan que tenían un número? Uno se ponía a sumarlos y si daba 21 se lo podía cambiar a una patoja por un beso. Yo era bueno para encontrar esos boletos, no era que tuviera suerte y siempre me tocaban, lo que hacía era quedarme viendo a los que la gente dejaba tirados y de inmediato me daba cuenta si sumaban 21. También era bueno para encontrar los capicúa, claro que por esos no daban beso, pero era raro conseguir uno. Por aquellos años mi hija miraba Plaza Sésamo, ahí salía un vampiro que tenía la manía de contar todo: 1, 2, 3, 4, y así se iba. A mí se me pegó, sólo que ahora cuento cuentos pajeros.

Algo que considero un verdadero talento es que puedo leer un libro y al terminarlo lo dejo como nuevo, sin hojas dobladas por las esquinas, sin manchas en la portada, nítido queda. Es algo que no sirve de nada, porque el tiempo termina por arruinarlos, se llenan de polvo y las hojas se ponen amarillas.

Lo de contar cuentos si me ha sido útil. Cuando llegaba tarde, o no llegaba, al trabajo, era fácil inventar un cuento. Los hacía tan perfectos que siempre convencía al jefe. Si era un accidente y me pedían detalles, sobre lo que fuera que hubiera contado, inventaba sin parar. Así fue como me hice pajero. Esto es paja maestros y maestras, nunca en la vida he tenido un trabajo fijo, con jefe y todo lo que conlleva.

Durante el tiempo que tengo de escribir este blog, he descubierto que poseo el talento de exasperar a cierto tipo de gente. Personas que no conozco, ni me conocen, pero que se enojan conmigo; quizá se sienten reflejados o aludidos en lo que escribo. Una vez hasta llegaron a retarme a un debate sobre los cuentos pajeros. Es quizá lo más chistoso que me ha pasado, porque ¿quién querría debatir sobre pajas?

Creo que otro de mis talentos es que todo me da igual, no me hago bolas. Y ahí le paro, pues no quiero parecer engreído. Mejor compartan ustedes sus talentos.

Salú pue.