miércoles, 26 de agosto de 2009

Jonás no le hizo caso a la palabra de dios o el evangelio de la verdad o la necesidad de ser miembro de alguna hermandad.

Conocí a Jonás hace varios años, en uno de los primeros talleres que organicé. Por aquellos días su fundamentalismo saltaba a la vista, pues siempre andaba con la espada desenvainada; es decir, con la Biblia desenvainada y, apoyándose en el buen libro, atacaba a cuanto tallerista se le ponía en frente: si una chava escribía temas sexuales, él le decía que estaba desperdiciando su talento y mostrando al mundo su concupiscencia; si un chavo escribía algo escatológico o sangriento, igual sacaba la Biblia. Agarraba parejo, nadie se salvaba de sus sermones. Le caía mal a las mujeres, en general, no sólo las feministas, desde el día que dijo: está bien que las mujeres escriban, pero deben hacerlo después de cumplir con los deberes del hogar.

Así era el Jonás, bien lindo él, insoportable, estuve a punto de mandarlo a volar, pero sus poemas eran buenos, revelaban, en buena medida, el conflicto que llevaba dentro, a pesar que en aquel entonces escribía sobre temas religiosos, bueno ahora también escribe de lo mismo.

Resulta que un día de tantos, siempre por aquella época, me lo encontré en la calle, estaba barbado, descuidado y bastante distraído. Pasó enfrente de mí y no saludó, tuve que seguirlo durante unos metros, hasta que lo tomé del hombro y le dije: ven en pos de mí, no, eso es paja; el caso es que lo invité a tomar un café y después de unos minutos de silencio aceptó.

El patojo estaba triste: no sé que me pasa Johan, creo que estoy a punto de perder mi iglesia, dijo. Ahí fue que me di cuenta que el Jonas había visto la luz; pero no la que él creía haber encontrado años antes, ahora estaba convencido de la inexistencia de dios y decía que la religión era el opio de los pueblos; esperen, creo que eso lo dijo Marx; lo que dijo el Jonás fue: es un requisito, una especie de ritual, un amuleto, algo que no sé explicar, pero que es necesario para el ser humano. Mero loco el patojo.

Otras de sus palabras fueron, medio me acuerdo: me di cuenta que la Biblia es un libro lleno de mitos y leyendas, algo cercano a la literatura, no una guía para la vida. Ahora entiendo que podemos orar o rezar, pero sin esperar a que se cumplan nuestros deseos, la oración sirve para liberar el espíritu, nos conecta con nosotros mismos, con nadie más. Los milagros ocurren en forma aleatoria, porque tienen que ocurrir, porque siempre hay cosas que se salen de la norma, no porque tengamos fe, ni porque una fuerza divina nos haya escuchado, eso no existe. Entendí que hay que ver la vida como una oportunidad única, vivirla al máximo; no hay infierno, no hay cielo, ni caminos angostos que nos lleven allá; solo existe lo que tenemos enfrente, sin ilusiones, sin magia. Yo sólo atiné a pensar: puta, el patojo no es tan baboso.

Pocos días después me contó que estaba tratando de transmitir ese pensamiento a los miembros de su iglesia; es decir, quería predicar, según sus palabras, el evangelio de la verdad, una iglesia sin milagros, en donde no sería necesaria la fe. El problema es que al decir que no había cielo, la gente dejó de llegar, cuando me lo contó dijo: Johan, la gente quiere una esperanza, no importa que sea falsa; les gusta dar ofrenda y diezmos, porque piensan que están pagando, por abonos, su casita en en cielo; quieren orar y creer que eso provoca milagros; quieren reírse del vecino que tiene menos, porque es un hombre de poca fe, por eso no recibe la bendición de Dios; quieren sentirse hijos del todopoderoso.

No quise decirle nada, en ese momento Jonás estaba en una encrucijada, si le daba a la gente lo que quería se sentiría culpable, como un estafador. Además había llegado a vivir bien; tenía una casita, comprada con el dinero de los diezmos; un carro de segunda, en buen estado, que le había regalado un hermano; viajaba a predicar a Los Ángeles, a una iglesia hermana; sus hijos estudiaban gratis en el colegio de un miembro de la iglesia; una hermana les llegaba a hacer limpieza, una vez a la semana, ella estaba haciendo puntos para que el señor le concediera un su milagrito. No era fácil deshacerse de los privilegios; por otro lado, no faltaba quien estuviera dispuesto a darle golpe de estado.

Unos meses después ya estaba más animado. Llegó a mi casa, llevaba un documento de varias páginas, que contenían sus Salmos pajeros, esos poemas chilerones que se han publicado en el blog de los cuentos pajeros.

Me contó que se las había ingeniado para darle a los hermanos lo que pedían y al mismo tiempo estar tranquilo con él mismo; sus palabras fueron: fijate Johan, el domingo doy dos servicios, el de la mañana con lo mismo de siempre: música, alabanza, oración de fe y todo lo demás. En la tarde otro de puro estudio bíblico, de verdad, sin pajas, sin cielos, sin infiernos, sin milagros, sin necesidad de tener fe. Empezamos cinco personas, ya somos como veinticinco, y poco a poco voy a ir metiendo a toda la mara. Lo bueno es que no han dejado de diezmar, pero lo hacen por su gusto y gana.

Mirá pue, que interesante, de repente un día de estos te caigo por ahí, le dije.

Ya ven que para todo hay público y feligresía, hasta para la iglesia más sincera del mundo.

Salú pue.

6 comentarios:

Tereza dijo...

Y tu Johan... en qué crees?

la-filistea dijo...

Es cierto para todo hay un público. Hoy presisamente ví en Youtube a un patojito peruano que predica, y lo hace tal cual lo hacen los predicadores y la mara, i mean, los hermanos se levantan eufóricos cuando el chavito empieza a dar las pajas.

Pero del Jonás yo ya me lo había sospechado porque es mero irreverente con sus salmos pajeros. Al menos ya sabemos las movidas de las iglesias.


¿Como vas con la venta de tus pajas?

JuanDavidVelez dijo...

Hijueputa, complicado esto.

Yo odio a los pastores de las iglesias, los que se quedan con la plata de la gente.

Y tambien odio a los politicos, pero en una temporada tuve que trabajar con politicos por seis meses y descubri que eran bacanos y me emborrachaba con ellos, que a uno le caiga bien un politico.

De la entrada anterior, pues a mi me gusta la filosofia con los pies en la tierra "fijate bien donde pisas..."

Johan Bush Walls dijo...

Teresa: Yo soy ateo, por la gracia de dios. Ya en serio, pienso que la Biblia es la primera compilación de cuentos pajeros de la historia.

Filistea: Maestra Filis, que bueno verte por acá. Yo he visto ese chavito en la TV. Bien gracioso él, lo que si tiene es buena memoria, un día lo escuché recitar todos los libros de la biblia, los 66 completititos, sin fallar uno, y complementaba cada título con una frase, y luego todo mundo decía "gloria a dios" y saltaban eufóricos, en ese momento los ujieres aprovechaban para pasar el canasto de la ofrenda.

El Jonás es un rollo maestra, pero sus salmos pajeros son bien chileros.

Con lo de la venta de pajas, pues camina, poco a poquito, pero van.

JuanDaví: Yo creo que es fácil, los que se complican son quienes creen, porque cuando no se les concede el milagro empiezan a cuestionar que de malo habrán hecho.

Aquí en Guatemala los pastores se han multiplicado, han construído mega iglesias, ciudades de dios, universidades y la gente les sigue pagando para que les aparten un lugarcito en el cielo.

Los políticos antes ofrecían el cielo y la tierra, ahora les basta con pactar con el narcotráfico.

Buena filosofía maestro, voy a tomarlo en cuenta.

Salú pue.

Lauri dijo...

Que interesante la historia. Muy buena reseña sobre Jonas y su iglesia; hemos conocido mediante el relato sus dudas y sus aciertos. Además, los lectores hemos sido tentados a participar del segundo servicio, lástima que su iglesia a muchos no nos quede nada cerca...
No puede dejar de decirse que lo logrado por Jonas no es nada fácil; encontró (pareciera) el equilibrio entre sí mismo, y los seguidores de su iglesia. Creo que esa ha sido la solución para él, aunque me parezca que una de las dos posturas necesariamente es falsa. Pero bueno, que si es lo mejor para él... que cada quien escuche lo quiera oir...
Como siempre, ¡un gustazo leer tus historias, Johan! Cariños, Lauri

Johan Bush Walls dijo...

Lauri: No piense en lo lejos, de repente usté se anima a iniciar una sucursal de la iglesia del Jonás, por allá donde usté vive.

Como siempre un gustazo tenerla por acá. Gracias por los cariños, también le envío unos.

Salú pue.