martes, 4 de agosto de 2009

Crónica de un viaje forzado al festival de Atitlán y de una visita breve, y de consuelo, a la FILGUA.

El sábado, bien tempranito, llegaron a mi casa el Adán y el Jonás con un gran rollo, querían que los acompañara al festival de Atitlán, en Panajachel. El lugar es pintoresco y bonito, pero yo ya pasé por toda esa euforia y prefiero quedarme encerrado o caminar por el centro histórico. Pana, igual que Antigua, se me hacen más a esos grandes centros comerciales, que no me gustan para nada; entonces para mí la invitación sonaba como ir a Oakland Mall.

De entrada les dije nel maestros, pero se pusieron a rogarme de tal forma que en un momento de debilidad paré diciendo: tagüeno pue.

Salimos algo tarde, porque el Jonás pasó a revisar el carrito, para que no nos dejara en el camino, y a recoger unas cosas que le iba a llevar al pastor de una iglesia, quien le había ofrecido darnos alojamiento.

El Adán quería ir al concierto de no sé qué grupo; el Jonás tenía la esperanza de ver a un gringo, predicador él, que está de vacaciones en Guatemala, y que le había ofrecido unas partituras modernas para agilizar la alabanza de la Iglesia. Para darme ánimos quise creer lo que decían del festival, que era toda una movida cultural y que hordas de poetas tomarían las calles.

Llegamos como a las tres de la tarde, lo primero que hicimos fue buscar al pastor; al llegar a la iglesia encontramos un rótulo que decía: No hay servicio hoy y mañana; la iglesia estará cerrada, pero usted mantenga abierto su corazón al señor. Tocamos la puerta, nadie abrió; el Jonás hizo unas llamadas, y nadie respondió; el Adán y yo le mentamos la madre, al Jonás y al pastor, y sin más remedio fuimos a buscar hotel por otro lado. Al menos en eso tuvimos suerte, porque conseguimos uno que estaba dos que tres, aunque algo caro; ya se sabe que en Pana todo es a precio de turista. Aquí voy a aclarar algo, por aquello de los mal pensados, los patojos compartieron habitación, allá ellos; yo pagué una para mí solito.

Descansamos unos minutos, pero antes que el sol cayera ya estábamos recorriendo la calle Santander. Esperaba encontrar una tarima grande, o un escenario, para que los poeta leyeran, pensaba yo; pero lo único que había era un toldo que cubría a un par de mujeres, vestidas con mallas y huipil, curioso atuendo pensé; leían algo que sonaba a poesía y estaban rodeadas de flores e incienso. Bien lindo todo. La gente pasaba, las fotografiaba y seguía; unas diez personas se quedaron viendo un rato. Sin darme cuenta me quedé solo, el Jonás se fue a buscar a su predicador y el Adán salió en busca de su primera cerveza y su segunda y su tercera, ese patojo es un ladrillo.

Después de un rato, seguí caminando, en busca de las otras actividades culturales, pero nel, no hubo más. Les voy a contar lo que sí había: unos chavos jugando con una pelota gigante, un juego bastante extraño; una marimba tocada por adultos, otra tocada por niños; alguien tocando un órgano, hacía un ruido tan estridente que todo el que pasaba cerca se tapaba los oídos; comercios tratando de vender cualquier cosa; un guitarrista que cantaba, a grito partido, acompañado por una patoja que de plano era su novia, ella agitaba unos pañuelos.

Como ya había caminado bastante, me senté un rato a la orilla del lago, el paisaje es bonito, eso nadie lo niega, pero el espectáculo en las calles hizo que me preguntara: ¿será que Saint-Exupéry de verdad se inspiró en esto?

Al rato me levanté, me fui detrás de un dragón de plástico. Unos metros adelante, por fin, encontré algo cultural, un grupo de cantantes, gritaban, más que cantar, una canción que decía: soy como el burro, de la cintura para abajo... y todos coreaban y palmeaban la canción.

Mejor regreso al hotel, dije, y regresé. Me tomé un par de chelitas, me di un baño, dormí un poco, desperté y salí por algo de comer.

Ya no quise seguirle buscando el lado cultural al asunto, decidí darle el beneficio de la duda, en algún lado tenía que estar. Por mi parte eso fue todo, me fui a dormir.

El regreso había sido pactado para las once de la mañana del otro día. Me levanté temprano, costumbre de viejito que tengo; me di un chapuzón en la piscina, unas tres vueltas, rapidito, sólo para decir que la usé; me bañé y fui en busca de un lugar para desayunar, por ahí encontré al Adán. Lo primero que pensé fue: que grueso ese maestro hasta ahorita terminó la parranda; pero me sorprendí de verlo bien bañadito y fresco como lechuga.

—Pa´que mis tenis el festivalote Johan, yo digo que sólo comemos y nos vamos.

Una media hora después llegó el Jonás. Comimos tranquilos y al rato veníamos de regreso. Ya de bravos acordamos, al estar en la capital, pasar a la Filgua (Feria internacional del libro). El único que venía medio feliz era el Jonás, porque encontró al predicador gringo, quien le llevó las partituras y los esquemas de unos sermones: están buenísimos, dijo.

Llegamos a la Filgua, lo primero que hice fue comerme unos tacos; luego di unas vueltas por los stands, compré un par de libros de la tipografía nacional, baratos, pero con unas portadas tan feas que me hicieron pensar que la del libro de los Cuentos pajeros era una obra de arte, conste que pienso que no tiene mucha gracia.

No había mucha gente en la feria, algunos libreros se esforzaban con llamar la atención, sacando ofertas de última hora; pero lo que no pudieron vender en más de diez días, no lo iban a vender en unas horas; siempre hacen lo mismo, primero ponen los libros caros y luego rebajan los que nadie quiere.

Ahí terminó el finde (como dicen los patojos fresas; ijuela, el Kontra también dice así, pero no se vaya a sentir aludido, usté es buena nota maestro), la feria nos retuvo menos de dos horas. Colorín colorado, esta crónica se ha terminado.

Salú pue.

El anterior mensaje es cortesía de: AGENCIA DE VIAJES EL MÁS ALLÁ

16 comentarios:

Anónimo dijo...

maestro, tiene usted el don de la ubicuidad, hubiera jurado que lo ví por la mañana el sábado en FILGUA, por cierto ¿y el libro?

Luis Paredes

Tereza dijo...

Gracias por pasarte por mi blog! Me alegra que te haya gustado. Me gusto mucho el de los cuentos pajeros, me agrada tu forma de ver tan alegre la muerte. Ahora te sigo, y espero leer mas palabras tuyas.
Saludos.

Johan Bush Walls dijo...

Anónimo: Púchica maestro, yo a eso si que no le hago, hay un viejito francés que pulula por aquí y por allá, él es quien hace eso, yo no.

Tereza: Siempre anda uno descubriendo blogs afines, espero verla por acá de nuevo.

Salú pue.

Claudia Navas Dangel dijo...

El grupo que cantó la canción del burro se llama Remolacha Beats, y hubo muchas cosas más, pintura con niños, presentación de libros, lectura de poesía, conciertón en el estadio, presentación de cortos chapines y de un grupo de Sololá buenísimo.

Yo no dudo que Saint-Exupéry se inspirara en el lago, como muchos otros lo han hecho.

Que lastima que no estuvo más tiempo por la calle Santander para poder ver todo esto.

Leon dijo...

Sus observaciones son interesantes y muy subjetivas, pero de plano existe el generational gap...

Miss Trudy dijo...

Su relato me recuerda los "flaneurs" de Walter Benjamin, Don Johan, que se pasaban caminandose todo Paris. Solo que usted iba caminando en una extraña combinación de verlo/absorberlo todo pero a la vez, como aislado en una burbuja. Muy interesante.

Anónimo dijo...

Amigo Bush, la verdad es que este tipo de festivales deberían llamarse el festival del pusher, porque la única cultura que crece con estos es la cultura del consumo de drogas.
Ojalá y cuando la organizadora sea mentalmente adulta, deje de estar promoviendo el uso de estupefacientes.

Y lo peor es que hasta los pusher son importados, en detrimento de los locales.

Pepe Navas

Johan Bush Walls dijo...

Claudia: Es cierto, estuve poco tiempo caminando en la calle. Lo que pasa es que llegué tarde y me fui a dormir temprano, pero así como lo vi lo cuento.

Con lo de "San exupuro", le cuento que si creo que ese maestro se inspiró en el lago; lo que pasa es que a veces uno se cuestiona cosas.

Aquí le dejo el link de un cuento pajero que escribí sobre el tema.

Pequena realeza

Leon: Tiene razón, la brecha generacional existe, está comprabo científicamente.

Miss Trudy: Fíjese que a veces es bonito hacerle de observador. Me gusta ser observador y después escribir.

Anónimo: Yo sabía de la existencia del Festival de la calle del narco

Salú pue.

PROSÓDICA dijo...

Mire pues Johan, ¿entonces no me perdí de nada al no ir, verá?. Me ahorré la gasolina... aunque yo hubiera ido por el lago y no por el festival. Es mi lugar favorito de los favoritos, ¿ya le dije?. Pues le cuento...

Debiera usté de abrirse una sección en su blog tipo horóscopo cultural jajaja así se pasa uno de antemano pa´ saber si vale la pena el viaje o no a las distintas actividades... confío en su criterio, ¿cómo la ve?.

Abrazote y qué siento que no se haya conseguido una su turista por ay para alegrarse la noche!!.

Johan Bush Walls dijo...

Prosódica: Pues en esas cosas cada quien se lo disfruta como puede, en mi caso no le encontré mayo cosa. El lago es chilerón, ahora me entero que es su lugar favorito.

Voy a abrir una sección para predecir el futuro, igual a la que tenía Juan Damaso Vidente, que después resultó ser Hernán Casciari.

De repente y no estoy explotando mi "sex appeal", por eso no me cae nada.

Salú pue.

el Kontra dijo...

Ala pero que feo que se la paso mal vaa, yo el finde estuve en el Oakland Mall con mi iPod escuchando "strawberry fields forever" ;)

Ya en serio maistro (no, en serio) yo no pude ir a ninguno de los dos, pero buena onda que nos cuenta como estuvo la vaina.

Psst, dicen poraí que sacó un libro, es verdá o puras pajas?

Saludos Johan

Johan Bush Walls dijo...

Kontra: Buena onda maestro, seamos fresas.

El libro está disponible para entrega a domicilio maestro.

Se había atrasado un poco, pero desde hoy ya se puede adquirir.

Salú pue.

Lauri dijo...

¡Asi que "finde"! Por acá también apareció la nueva, y la dicen los que tienen "toda la onda" entre medio de unos cuantos " a ver"...(tal cosa) "a ver" (tal otra)
En cuanto a festivales como el que describe, Johan, con lo que me quedo es con el lago y la postal de S. Exupery observando desde sus orillas y el chapuzón matutino en la pileta.
¡Cariños!

PROSÓDICA dijo...

jajaja Cabal así sería justo, Johan.

¿Por qué no?. Ahora sálgame con el cuento de que no anda metido siempre en mil proyectos... algo de tiempito le queda para leer las estrellas, digo.

abrazos, muchos.

Anónimo dijo...

Creo que esta siendo injusto con nuestro grupo, la canción del burro es una crítica a lo que usted se refiere, si le hubiera puesto atención a la letra de la cancion, espero se hubiera dado cuenta. Disculpe si estabamos gritando, pero el equipo de sonido lo pusimos nosotros, y es dificil tocar al aire libre sin el equipo adecuado. Saludos, y espero poder algun dia leer uno de sus libros, le prometo no juzgarlo sólo por la carátula. Saludos.

Mauricio, de Los Remolacha Beets.

Johan Bush Walls dijo...

Prosódica: Como usté mande, fíjese que le cuento que no ando metido en mil proyectos, el único que tengo es el de vender mi librito, ahora soy comerciante de las letras.

No sé por qué no había respondido este comentario, pero lo hago.

Que vengan los abrazos pue.

Mauricio: En realidad, me pareció divertida la canción, y qué lástima que el equipo de sonido no ayude, pero no se sienta mal, como usté dice, lo que yo vi y escuché fue sólo una pequeña parte de su repertorio. Si tienen videos en youtube pueden poner el link acá, así los vamos a ver. Si no tienen, les sugiero que hagan un su videíto y lo suban.

Tengo un libro publicado, por allá arribita hay más señas, me encantaría que lo leyeran.

Salú pue.