lunes, 8 de junio de 2009

Extranjeros de color, gente blanca que se da color, las antiguas religiones, la marea blanca, y la situación que sigue igual.

Eso de ser uno negro en un país de mestizos e indígenas tiene sus cosas simpáticas. Fíjense que hace como un año estaba echándome unas chelitas en aquella famosa cantina del centro histórico, esa en donde se congrega la mara de izquierda, a la que también llegan revolucionarios de pelo blanco y periódicamente es invadida por la cooperación internacional; pues ahí estaba yo sentado, desprevenido, cuando en eso oigo que alguien me grita eh, tú, ¿acaso eres de la isla? De inmediato levanté la mirada y veo ante mí a un moreno que resultó ser cubano. Eso lo supe hasta que me lo dijo, porque antes no pude identificarlo, además estaba un poco desconcertadón, pensando en por qué se dirigía a mí.

Bueno mi negro, volvió a gritar, e que en este paí somo tan pocos que nos deberíamos juntá, por lo meno pa que nos vean, (sí, ya sé, estoy exagerando con el acento, la cosa es que me entiendan). El moreno se sentó conmigo y resulto ser buen conversador, aunque su velocidad y volumen me alteraban; es que, entiéndanme, yo creo que me asemejo más al marido indígena que tuvo mi madre; un hombre callado, reservado y bastante tímido, parece que no viví lo suficiente en el caribe para ponerme a ese nivel de conversación, menos a esa velocidad.

La cosa es que desde ese día me ha invitado algunas veces a su casa y me ha convidado a conocer la gastronomía de la isla; he comido congrí, moros y cristianos (los mismos frijoles con arroz que me daban en la pensión), y cerdo en todas sus variedades. Es que Johan, me dice, tenés que ponerte de nuevo a tono con lo caribeño, ya hasta parecés guatemalteco, todo tímido y apocado. La cosa es que tiene razón; por ejemplo, debo ser de los escasos negros que no pueden bailar ni un solo ritmo.

Todo este rollo viene a cuento porque quiero contarles una anécdota que refleja como cada uno ve lo que quiere ver.

Un sábado, hace como dos semanas, estaba almorzando cuando me llama el moreno (no voy a seguir intentando el acento, porque no se me da mucho eso de imitar a otros): Johan, te cuento que viene un amigo de la isla y le vamos a dar una recepción, venite más noche, yo voy por él al aeropuerto y nos juntamos en mi casa como a las 9pm.

Le dije que no podía, que su casa estaba lejos, que no tenía carro; típica actitud del guatemalteco cuando no quiere hacer algo, entonces dijo: pero hombre, si eso no es problema, paso por vos a las 6pm y nos vamos a traer al amigo y luego para mi casa.

El vuelo llegaba a las 7pm; el moreno pasó más temprano, como a las 4pm, me dijo que tenía que hacer algunas compras antes; así que paré acompañándolo al supermercado, los que considero pequeños infiernos. Cuando íbamos para el Hiper-Paiz pasamos por el puente del Incienso y al ver a los soldados que patrullan el área, esos que pusieron para evitar que la mara ya deje de suicidarse, de sopetón me soltó: eso si que es ridículo, ¿qué le van a decir esos soldados al suicida? Si se tira disparo, dijo en medio de una tremenda carcajada. Luego, como buen psiquiatra, comenzó a echarse un análisis, de lo más fumado, de la realidad del país y sus conflictos; me puse algo nervioso, porque pensé que luego empezaría a analizarme.

Ya en el aeropuerto me contó que el amigo que venía practicaba la antigua religión, mas conocida como santería.

Finalmente salió el amigo, venía vestido de blanco, no le fue difícil reconocernos; subimos al carro, al rato pasábamos por el obelisco, entonces el yoruba pegó un grito: qué es eso, ¿acaso hay santería en este paí?, es que el obelisco estaba lleno de gente vestida de blanco y con velas en las manos; intenté explicarle, pero él ya había hecho que mi amigo detuviera el vehículo; de pronto estábamos metidos entre el mar de gente vestida de blanco. El visitante intentó hablar con alguien que, lógicamente, se sorprendió al ver a un negro entre aquella blancura, tanto de ropa como de piel. Supongo que alguien le hizo mala cara, porque de repente me dijo: vaya que son descarados en este paí.

Nos sentamos en una banca, él quería descubrir el motivo de la manifestación; de nuevo intenté contarle lo del video; mencioné que alguien había anunciado su muerte; ahí me interrumpió: y dices que no es santería, claro que lo es, no ves que viene desde los muertos.

Yo no tenía ganas de contar mas cosas, me quedé callado un rato, en aquel ambiente extraño, en donde la gente gritaba consignas como si fueran mantras. Sentí temor que el moreno se levantara y se pusiera a cantar algo; pero no lo hizo, solo dijo: no Johan, es puro odio lo que saca esa gente.

Nos subimos al carro y seguía repitiendo que no había sentido buena vibra, yo le dije que me parecía que había buena gente entre los manifestantes, que estaban cansados de la maldad; como buen yoruba me dijo: no, ahí había mucho odio, eso no es bueno, la ropa blanca debe expresar pureza del alma y no sed de venganza, la magia negra no es buena Johan, para nada, eso se revierte. Cada loco con su tema fue lo que me vino a la mente.

La cena estuvo buena; de nuevo hubo congrí, traguitos, chelitas, muy poco se habló de la experiencia en el obelisco; al final resultó ser algo para la anécdota, algo que el yoruba podrá contar cuando regrese a su casa.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo me hubiera fijado también si los hombres de blanco tenían colgantes de colores, otra señal de santeros, jeje, o babalawos, pero no suelen tampoco hacer grupos muy grandes, no?
No sé.
Me gustan las curiosidades paisajísticas y más las adivinaciones de quienes las miran.
Un saludo, maestro.

Ángela Cuartas dijo...

Don Johan, no voy a poder seguir comentando, pero quiero que sepa que me gusta mucho leerlo y que seguiré pendiente de su blog ahora que tendré acceso restringido a Internet y tengo que escoger los blogs que más me gustan. Gracias por sus historias.

Nancy dijo...

ay Johan, hoy sí me decepcionaste. Pensè que bailabas súper,jajajajajaja
Me gusta cuando nos describes aunque no somos nada bonitos a veces.
Me reí mucho con tus ocurrencias como que no le fue difícil identificarlos.
Y bueee gracias por compartir tu vida y milagros,y de hacerlo de forma tan amena-

T.T.A.T.A. dijo...

Que buen toque maestro, que buen toque...

Johan Bush Walls dijo...

Parsimonia: Los hombres no tenían colgantes, pero sí las mujeres; pero no eran santeros, era una manifestación contra el gobierno, porque en Guatemala protestar es lo "cool", por estos días.

Ángela: Ojalá el acceso restringido no afecte el ritmo de su blog, porque es muy "bacano" vistitarlo.

Nancy: Todo es culpa de la transculturización. A veces se me ocurren cosas, unas las escribo otras no, las que escribo las comparto.

TTATA: Que bueno que le gustó el toque maestro, aunque yo no fui.

Salú pue.

Prado dijo...

si va, tal parece que no saber bailar y ser caribeño es un pecado capital.
pero como oí una vez decir, si quiere desarmar a un intelectual, póngalo a bailar. Yo por si las moscas, mejor aprendo.

Salú, con todo y acento.

Yopopolin dijo...

no sabia que "antigua religion" fuese la santeria...

y cada uno es como es, no todos los caribeños llevan el ritmo en la sangre! jeje

un saludo!

Johan Bush Walls dijo...

Prado: Yo no tengo nada contra los que bailan, menos cuando son las mujeres quienes bailan, ellas se ven bien lindas moviendo su cuerpecito, es bastante sensual; pero yo si no me muevo nada, al menos en la pista de baile.

Yopopolin: Era la forma en que el moreno llamaba a la santería; en realidad no sé si es antigua o no y, en todo caso, a saber qué tan antigua será.

Salú pue.

Anónimo dijo...

Jajajaja.

Si el objetivo de la historia era entretener apasionadamente y hacer reir grandemente al lector, quiero decir que lo logró conmigo.

¿Cómo me pierdo estas historias? Serían excelente material para escribir.

Saludos!

Johan Bush Walls dijo...

Maga: Me parece bien, ríase usté cuanto quiera y venga seguido por acá; así no se pierde las historias.

Salú pue.