viernes, 19 de junio de 2009

Yo, raro

Muchas veces, sin quererlo, se pasa por malagradecido; sucede que no siempre está uno en sus cinco sentidos, entonces alguien da las gracias, por cualquier cosa, y no se alcanza a decir: para servirle o por nada. Claro que acudir a la excusa de estaba distraído suena a paja; es como el gallo caballeroso que machuca a la gallina y luego le dice: discúlpeme, no la vi.

El tema es que en la blogósfera siempre hay colegas buena onda, que suelen repartir premios a los blogs que les gusta leer. En varias oportunidades he recibido alguno y lo he considerado un gran gesto, aunque nunca he escrito el respectivo post en donde acepto y agradezco la distinción.

No soy malagradecido y confieso que me gusta recibir esos premios; pero soy bastante raro al respecto, y para explicarlo voy a parafrasear a la gran filósofa mexicana: me gusta, pero me asusta (ella lo dijo al revés); lo que pasa es que después uno tiene que seleccionar otros blogs y seguir la cadena; pero como yo me siento incómodo escogiendo a un número reducido, porque me gustan muchos blogs, entonces me asusta pensar que pondré a otros en similar situación; ya sé, están pensando: que pajero, pero en fin, así soy de raro.

Todo este rollo es porque la maestra que escribe las Historias citadinas, un blog bien chilero en el que se cuenta anécdotas simpáticas, que son ilustradas con dibujitos muy originales, me dio un premio; pero a cambio tengo que aceptar en público que soy un tipo raro.

Como hay cosas que son evidentes y para que negarlas, entonces acepto y les cuento que soy un tipo raro; si no me creen allá ustedes, no voy a tratar de convencerlos, eso sí, les voy a contar algunas cosas para darle sustento a mi afirmación.

Vivo en Guatemala desde hace muchos años, eso ya lo he dicho antes, lo traigo a colación porque me sirve para justificar que soy un negro que no sabe bailar (quizá sea el único), siempre me ha dado una pena terrible, porque en las fiestas o discotecas la gente siempre espera ver algo bueno cuando hay una persona de color en la pista; yo lo sufrí durante mucho tiempo, ahora ya no me hago bolas, además bailo marimba y ahí si me defiendo un poco; cosas de viejito.

Tengo varias novelas empezadas; es decir, estoy escribiendo más de una novela a la vez; aparte son las que estoy leyendo; pero creo que no voy a terminar ninguna, pues como cosa rara, siento que si las concluyo luego ya no tendré sobre que escribir; no vayan a decir que eso no es raro.

Mi hijo vive en Estados Unidos y mi hija vive en Londres, ambos han insistido en que me vaya a vivir con ellos, pero no, yo me empeño en seguir viviendo acá; ahí si hago mías las palabras del escritor salvadoreño: en este paisito me tocó y no me corro.

Algo que si es verdaderamente raro, más cuando uno vive en un país como Guatemala, soy puntual, por eso me disgusta la impuntualidad de las personas, para tal cosa no hay excusa que valga, pienso que uno debe tomar las previsiones del caso, porque es muy feo eso de hacer esperar a la gente; en esa línea, no me gusta comer después de las 12m; eso hace que cuando almuerzo con alguien pido que nos veamos a la hora mencionada; lo sé, es algo molesto, porque para la mayoría es muy temprano para almorzar, pero yo soy así y tengo que aguantarme, porque muchas veces ya he comido cuando llega la otra persona.

Cositas así son las que me hacen raro; les digo una última, no me gusta leer un periódico que ya otros han leído, tiene que ser recién comprado.

Ahí la dejo, porque ya se me está haciendo raro todo esto; por otro lado, me estoy dando color, cosa que no me es difícil.

A ver si quieren compartir sus rarezas pue.

Salú pue

lunes, 8 de junio de 2009

Extranjeros de color, gente blanca que se da color, las antiguas religiones, la marea blanca, y la situación que sigue igual.

Eso de ser uno negro en un país de mestizos e indígenas tiene sus cosas simpáticas. Fíjense que hace como un año estaba echándome unas chelitas en aquella famosa cantina del centro histórico, esa en donde se congrega la mara de izquierda, a la que también llegan revolucionarios de pelo blanco y periódicamente es invadida por la cooperación internacional; pues ahí estaba yo sentado, desprevenido, cuando en eso oigo que alguien me grita eh, tú, ¿acaso eres de la isla? De inmediato levanté la mirada y veo ante mí a un moreno que resultó ser cubano. Eso lo supe hasta que me lo dijo, porque antes no pude identificarlo, además estaba un poco desconcertadón, pensando en por qué se dirigía a mí.

Bueno mi negro, volvió a gritar, e que en este paí somo tan pocos que nos deberíamos juntá, por lo meno pa que nos vean, (sí, ya sé, estoy exagerando con el acento, la cosa es que me entiendan). El moreno se sentó conmigo y resulto ser buen conversador, aunque su velocidad y volumen me alteraban; es que, entiéndanme, yo creo que me asemejo más al marido indígena que tuvo mi madre; un hombre callado, reservado y bastante tímido, parece que no viví lo suficiente en el caribe para ponerme a ese nivel de conversación, menos a esa velocidad.

La cosa es que desde ese día me ha invitado algunas veces a su casa y me ha convidado a conocer la gastronomía de la isla; he comido congrí, moros y cristianos (los mismos frijoles con arroz que me daban en la pensión), y cerdo en todas sus variedades. Es que Johan, me dice, tenés que ponerte de nuevo a tono con lo caribeño, ya hasta parecés guatemalteco, todo tímido y apocado. La cosa es que tiene razón; por ejemplo, debo ser de los escasos negros que no pueden bailar ni un solo ritmo.

Todo este rollo viene a cuento porque quiero contarles una anécdota que refleja como cada uno ve lo que quiere ver.

Un sábado, hace como dos semanas, estaba almorzando cuando me llama el moreno (no voy a seguir intentando el acento, porque no se me da mucho eso de imitar a otros): Johan, te cuento que viene un amigo de la isla y le vamos a dar una recepción, venite más noche, yo voy por él al aeropuerto y nos juntamos en mi casa como a las 9pm.

Le dije que no podía, que su casa estaba lejos, que no tenía carro; típica actitud del guatemalteco cuando no quiere hacer algo, entonces dijo: pero hombre, si eso no es problema, paso por vos a las 6pm y nos vamos a traer al amigo y luego para mi casa.

El vuelo llegaba a las 7pm; el moreno pasó más temprano, como a las 4pm, me dijo que tenía que hacer algunas compras antes; así que paré acompañándolo al supermercado, los que considero pequeños infiernos. Cuando íbamos para el Hiper-Paiz pasamos por el puente del Incienso y al ver a los soldados que patrullan el área, esos que pusieron para evitar que la mara ya deje de suicidarse, de sopetón me soltó: eso si que es ridículo, ¿qué le van a decir esos soldados al suicida? Si se tira disparo, dijo en medio de una tremenda carcajada. Luego, como buen psiquiatra, comenzó a echarse un análisis, de lo más fumado, de la realidad del país y sus conflictos; me puse algo nervioso, porque pensé que luego empezaría a analizarme.

Ya en el aeropuerto me contó que el amigo que venía practicaba la antigua religión, mas conocida como santería.

Finalmente salió el amigo, venía vestido de blanco, no le fue difícil reconocernos; subimos al carro, al rato pasábamos por el obelisco, entonces el yoruba pegó un grito: qué es eso, ¿acaso hay santería en este paí?, es que el obelisco estaba lleno de gente vestida de blanco y con velas en las manos; intenté explicarle, pero él ya había hecho que mi amigo detuviera el vehículo; de pronto estábamos metidos entre el mar de gente vestida de blanco. El visitante intentó hablar con alguien que, lógicamente, se sorprendió al ver a un negro entre aquella blancura, tanto de ropa como de piel. Supongo que alguien le hizo mala cara, porque de repente me dijo: vaya que son descarados en este paí.

Nos sentamos en una banca, él quería descubrir el motivo de la manifestación; de nuevo intenté contarle lo del video; mencioné que alguien había anunciado su muerte; ahí me interrumpió: y dices que no es santería, claro que lo es, no ves que viene desde los muertos.

Yo no tenía ganas de contar mas cosas, me quedé callado un rato, en aquel ambiente extraño, en donde la gente gritaba consignas como si fueran mantras. Sentí temor que el moreno se levantara y se pusiera a cantar algo; pero no lo hizo, solo dijo: no Johan, es puro odio lo que saca esa gente.

Nos subimos al carro y seguía repitiendo que no había sentido buena vibra, yo le dije que me parecía que había buena gente entre los manifestantes, que estaban cansados de la maldad; como buen yoruba me dijo: no, ahí había mucho odio, eso no es bueno, la ropa blanca debe expresar pureza del alma y no sed de venganza, la magia negra no es buena Johan, para nada, eso se revierte. Cada loco con su tema fue lo que me vino a la mente.

La cena estuvo buena; de nuevo hubo congrí, traguitos, chelitas, muy poco se habló de la experiencia en el obelisco; al final resultó ser algo para la anécdota, algo que el yoruba podrá contar cuando regrese a su casa.

jueves, 28 de mayo de 2009

Escritores del método

El otro día, como cosa rara en estos tiempos que no hay taller, me junté con toda la mara: el Adán, el Beto, el Jonás; ya ven que cuando la gente se reúne, de inmediato se empieza a hablar pajas, así es que al rato estábamos hablando del rollo de escribir.

Como el Adán anduvo pidiendo consejos cuando lo del atraso de su novia, el tema salió a discusión; pero se desvió hacia terrenos interesantes o graciosos.

Resulta que el Jonás estudió teatro y, como es obligatorio, tuvo que leer a Stanislavski; entonces le dijo al Adán: vos, siguiendo el método, esa experiencia la podés aprovechar, podés escribir un tu texto a partir de lo que sentiste cuando pensaste que te habían clavado otra vez. El Adán puso cara de ¿de qué hablas Willys?, por lo que tuvo que explicarle el asunto del método; le dijo que se había vuelto de aplicación general y que, desde hace muchos años, los actores juligudenses lo han utilizado; luego agregó: la cosa es que para expresar una emoción, en teatro o cine, es necesario hurgar en tus recuerdos, por ejemplo; podés recordar el momento en que tu traida te soltó lo del retraso y de seguro te salen las lágrimas con toda facilidad; bueno, eso es para la actuación, pero de plano que funciona con la literatura.

El Beto se animó y le terminó contando lo de aquel River Phoenix, el actor que se murió afuera del club de Johnny Depp, de quien algunas leyendas urbanas dicen que se metió tanto en el personaje que terminó suicidándose.

Vos Jonás, según ese tu método, no se puede escribir a menos que se tengan las vivencias, dijo el Adán, pero antes que pudiera responder el Beto se adelantó: probablemente los textos de Cortazar tienen tanta fuerza porque están basados en su vida y la supuesta esquizofrenia que tenía; los alucines de Borges se explican por su ceguera y la manera alterada o diferente en la que percibía el mundo; quizá de esa forma se puede explicar por qué la literatura de Benedetti es tan light pues, a pesar de su militancia revolucionaria, sólo vivió con una mujer hasta su muerte.

El Adán estaba frikeado, resulta que el escritor que le dijo que era un gran poeta, también le mencionó que en su poesía se advertía cierto aire de homosexualidad; entonces dijo: nel muchá, yo si que no pruebo, a mi esas cosas si que no me gustan, prefiero ser el escritor menos reconocido del mundo. Al Beto se le escapó una sonrisa y luego agregó: para decir que no te gusta tenés que haber probado antes. El Jonás dice que es iconoclasta, pero ante la afirmación del Beto todo el fundamentalismo que lleva dentro se le reflejó en el rostro; a punto estaba de echarse un sermón, pero como esas cosas me aburren lo detuve y dije: ¿qué de malo hay en que el Beto haya probado?

A partir de ahí todo se volvió chingadera, no hubo más coherencia en la conversación, aunque en los minutos previos tampoco existió; eso sí, seguimos intentando descubrir el agua azucarada.

Lo cierto de todo esto es que mucha mara que escribe, sean viejos o patojos, convierten en ídolos a los poetas malditos, a Bukowski, y a todo aquel que haya llevado una vida autodestructiva, entonces se empeñan en experimentar con todo lo que tengan a la mano, porque eso alimenta su literatura; pero como ya estoy sonando moralista y dios me libre de ello, entonces la dejo ahí.

Usté querido lector que me honra con su visita, ¿qué opina del rollo?

Salú pue.

Por si les interesa: Como el contador, que aparece arribita a la izquierda, está por llegar a un número que me gusta, entonces al visitante No. 6666 le regalaré un cuento pajero, siempre y cuando me cuente una anécdota.

lunes, 11 de mayo de 2009

La gripe, el Adán, los negros literarios y la esperanza por un mejor mañana

El tema de la gripe cochina, que ya no se llama así, ahora todos saben que el nombre correcto es influenza humana tipo A H1N1, sigue tomando fuerza; en México ya se va calmando la cosa, aunque les ha quedado una especie de estigma, el tema es que hay más países que presentan casos, ojalá la situación se controle pronto; de momento, al menos, ya no le echan la culpa a los cerditos. Lo cierto es que no se sabe como reaccionar, que si uso mascarilla, que si no saludo de mano, que si no saludo de beso, que si no salgo de mi casa, cosas así, está raro todo.

Yo tomo mis precauciones, pero no me achiguato, la única cosa que puede hacer que permanezca en casa es el trabajo, más cuando el dead line está por machucarme los dedos; de lo contrario siempre salgo a dar una mi vuelta, porque siento que no salir es interrumpir el ritmo de vida, ¿cómo sería la vida si no fuera interrumpida por el trabajo?

El asunto es que incluso tuve que chambear el 1 de mayo. En esas había pasado casi todo el día, pero a las cuatro de la tarde, minutos más minutos menos, apareció el Adán, estaba todo compungido, tenía el gesto desarmado, aunque se hacía acompañar de un six pack de Gallo. Yo no le hago el feo a las chelitas, aunque al verlo con esa cara no mucho me dieron ganas de entrarle, porque supe que venía con algo serio. Lo que pasa es que los patojos se toman muy a pecho eso de vivir como poeta maldito.

Creo que fue hace unos cuatro años que un crítico chapín le dijo: sos el mejor poeta guatemalteco de la posguerra, eso bastó para que dejara todo, ya no quiso estudiar, menos trabajar, que iba a vivir de la poesía dijo. Abandonó a la madre de su hijo, le entró al chupe y se dedicó a escribir, durante unos meses.

Yo lo conocí después de haber pasado por ese trance, para entonces ya la mamá le había puesto el café-internet, según ella para que el patojo tuviera una fuente de ingresos y no se quedara sin comer. El adán sigue escribiendo poesía, no es malo, pero le falta desarrollo, el problema es que se cree mucho lo que le dicen, claro está, cuando los comentarios son favorables.

Se sentó, abrió una cerveza y sin rodeos me contó que su noviecita tiene un atraso, y como él no quiso acompañarla a hacerse la prueba, ahora no le quiere hablar. ¿Qué voy a hacer vos Johan? dijo, al tiempo que metía la cabeza entre las manos. Supongo que imaginaba su vida con dos hijos y dos mujeres distintas; luego agregó: ya me está haciendo falta el pisto vos y ni modo que le pida más a mi mamá.

Después me salió con una historia medio graciosa, mencionó que debido a los pocos ingresos que le quedan del internet y su necesidad de contar con un empleo de verdad, cayó en una especie de trampa; un par de meses atrás alguien le pidió un artículo, diciéndole que le iba a pagar por escribirlo; él le puso empeño, lo investigó bien y se lo mandó; hace un par de días recibió una revista, venía acompañada por un billetío de veinte dólares; emocionado buscó el artículo, pero se sorprendió al ver que estaba firmado por otra persona. En nota adjunta le daban las gracias, que ojalá pudieran contar con él para una próxima oportunidad; por supuesto, en las mismas condiciones; es decir, sin que su nombre apareciera, pues tenía que comprender que a la gente no le gusta leer cosas de desconocidos. Terminó de contar la anécdota y dijo: puta vos Johan, a ese cerote de plano le dieron más de cien dólares.

A esas alturas yo también estaba desesperado, tenía que trabajar y el patojo seguía en su letanía; en eso tocaron la puerta, era la novia del Adán, la dejé pasar, fue directo a abrazarlo y besarlo, le dijo que el resultado del examen había sido negativo; suspiraron aliviados, se tomaron de la mano, cruzaron algunas palabras y al rato se fueron.

Me quedé tranquilo; eso sí, prometí comprarle una caja de preservativos al Adán.

Salú pue.

jueves, 30 de abril de 2009

Pandemia o pandemonium (que la influenza nos agarre confesados)

Voy a confesarles algunas cosas: me gusta leer mientras estoy sentado en el baño, detesto que a los libros se les doble la esquina de las hojas, no me gusta que alguien lea mi periódico antes que yo; bueno, creo que es suficiente, lo hago para que la pandemia de gripe cochina me agarre confesado.

Recuerdo que cuando vine a Guatemala, hace como chorrocientos años, paré viviendo en la casa de doña Chonita, ella era una vieja bruja, cristiana eso sí; meticulosa, por no decir tacaña, para cenar nos daba contaditos los frijoles parados, veintiuno, ni uno más ni uno menos; como era muy cachureca, durante la cuaresma nos daba a comer solo medio pan, bienintencionada era ella, lo hacía para que nuestro cuerpo estuviera libre de pecado.

La doñita hace años que yace bajo tierra, pero vino a mi mente con esto de la influenza porcina, ese es el nombre correcto, porque cada vez que pasaba algo o se corría una bola ella decía: Cristo nos agarre confesados, y procedía a persignarse una docena de veces.

El rollo es que la psicosis se ha apoderado de todos, incluyéndome, les cuento: el lunes llegué al internet del Adán y que lo encuentro rociando un espray a todas las computadoras, encendiendo unas velas de olor raro y con una mascarilla de médico que no le cubría la nariz; cuando me le quedé viendo se adelantó a decirme: es que me molesta Johan, si me tapo la nariz no puedo respirar; no dijo más pero me ofreció una mascarilla (bien les queda el nombre, porque antes que la noticia se expandiera eran más baratillas, ahora se escasearon y las pocas que hay literalmente están más carillas).

Al rato llegó el Jonás, se sentó en una computadora recién desinfectada y que me jala del brazo: Vos Johan, mirá esto. Tenía en su bandeja de entrada gran número de correos que alertaban sobre la pandemia, unos en serio, otros en broma, entre los subjects podía leerse: Apareció el primer caso. Caso confirmado. Primera víctima en Guatemala, hasta se me puso la piel de gallina.

Puse atención a los demás clientes que llegaban y lo primero que hacían era buscar información del tema.

Cuando abrí mi correo encontré ocho mensajes de mi hija; en el primero aseguraba que se preocupaba por mí; en el segundo que quería que me fuera a Inglaterra ipso facto, que a mi edad y solo, de seguro moriría si me daba la fiebre; en el tercero, decía que no tenía suficiente dinero para el pasaje, pero que con algo me podía ayudar, que buscara un vuelo barato, solo que me vaya en balsa pensé; del cuarto al octavo me decía que el gobierno había prohibido los vuelos que llegaban de México y sus cercanías, que pajera me dije; que pensara bien si me iba a ir porque de seguro me ponían en cuarentena y luego me deportarían, en fin que se hizo bolas.

Por la noche me encontré al Beto, normalmente es muy efusivo para saludar, aprieta la mano y da abrazos; pero esta vez ni siquiera me extendió la mano; entonces me acordé de un pediatra, a quien alguna vez llevé a mi beba y que me hizo sentir como negro discriminado; de entrada se negó a darme la mano, no sé donde estuvo su mano antes, me dijo; yo pensé: ve que hombre más cerote, es cierto que soy pajero, pero ni que me hubiera estado pajeando; después me explicó que por higiene propia y de sus pacientes nunca daba la mano; así y todo se lavó como cuatro veces mientras examinaba a mi chiquitía.

Lo que son las cosas, resulta que las autoridades recomiendan que uno no ande dando la mano ni saludando de beso, y eso tan bonito que es.

Ahora leo que la OMS subió la alerta a nivel 5, la cosa es que el miedo no anda en burro y bueno, con eso de los coches (aquellos de cuatro ruedas y que transportan a sicarios que matan gente en los semáforos) y la fiebre de coche, vuelvo al principio, les confieso que me gusta escribir pajas, aunque eso no es ningún secreto, pero se vale.

Que venga la pandemia, porque ya estoy confesado, si ustedes quieren pueden confesarse en los comentarios. Los dejo aquí porque el Adán tiene que volver a echar espray a las computadoras.

Salú pue.

El anterior mensaje fue cortesía de: MASCARILLAS EL KONTRA.

jueves, 23 de abril de 2009

San Juan de los morros

El profe Dennis nos ha dejado; no, no se murió, lo que pasa es que se fue del país. Según parece, el premio de ensayo que obtuvo en la república bolivariana de Venezuela le abrió las puertas para una beca. Es fregado el profe, calladita la boca hizo sus trámites, ni siquiera me contó del asunto cuando estuve allá por su pueblo, supongo que tiene esa superstición, aquella en la que si uno cuenta las cosas después ya no se cumplen, o se queda en ridículo.

Ahora entiendo la carta que me envió unos días antes de la semana santa, me explicaba que había que cancelar el taller, supuestamente haríamos uno en plena semana santa; medio me contó de unas gestiones que estaba haciendo, si hasta me pidió que le hiciera el favor de conseguirle unos papeles que necesitaba; así que paré haciendo cola en finanzas y en la universidad de San Carlos, para conseguir su RTU, ni me pregunten que es eso, y sus certificados de estudios; quien lo mira, pero el profe terminó la carrera de lengua y literatura.

El Adán y el Beto se enojaron porque habíamos inventado un festival de poesía, esas actividades les gustan a los chavos, para ellos funcionan como imanes de patojas, se iban a ir conmigo. La cosa es que me tocó pasar el feriadón encerrado en el centro histórico, saliendo poco, pero aproveché para adelantar unos capítulos de mi novelita, no vayan a creer que estoy escribiendo una novela, estoy leyendo una, a eso me refiero.

El domingo de resurrección, pasado el sitio del centro, aproveché para irme al internet del Adán, ya ven que no cierra, para revisar el correo y que me encuentro con uno del profe; dice que está en la etapa de inducción, parece que se los llevaron, a él y a los otros afortunados, en semana santa para darles un tour por algunos lugares de Venezuela.

No les voy a copiar toda la carta, aunque les comento que se la está pasando bien; me contó que lo llevaron a conocer el pueblito que inspiró Casas Muertas, de Miguel Otero Silva; luego fue a San Juan de los morros, dice que unos riscos forman figuras interesantes; también conoció la enorme estatua de San Juan bautista, que desentona con el pequeño pueblo.

La carta del profe va algo así: Johan, siento que estoy en Jalapa, Ortiz, ese pueblito que inspiró la novela de Otero Silva, no ha muerto, es parecido a los pueblos de mi tierra: polvoso y lleno de casas de teja, el paisaje es plano, no como las montañas de allá, pero se parece mucho a los pueblos de Guatemala. Me tomé una foto (Me la mandó, aparece junto a la gran estatua), me contaron varias veces la historia del alcalde que quería hacer un San Juan enorme y construyó esa estatua, me recordé de la doñita que hizo el monumento a Mickey Mouse. El pueblo es parecido a San Diego, Zacapa, la iglesia es igual a varias de las que hay por allá; hasta me tomé una granizada en el parque, que también tiene árboles similares y las rejas de metal con puntas. Me cuenta otras cosas, dice que por extraño que parezca no siente nostalgia; si hace pocos días que se fue, a ver si dice lo mismo dentro de unos meses.

Como no conozco Venezuela tendré que creer en las descripciones del profe. Que buen rollo, que le haya salido la beca digo.

Salú pue.

lunes, 6 de abril de 2009

Leyendas urbanas

Con esto del Google, que todo lo hace fácil, uno llega a sentirse muy salsa para el internet; sin embargo, puedo presumir que, a pesar de mi edad, algo he aprendido, al menos a saber como postear, porque ya ven que la apariencia de mi blog no hay modo que la cambie, aunque me doy la paja que eso no es importante, que son los textos los que cuentan. De todas maneras y, a pesar que el maestro anecdótico, José Joaquín, el otro día me dijo que le parezco hábil para navegar en la web, he sido víctima de algunos vicios y he caído en trampas obvias.

Miren pues, estaba tecleando la anterior entrada de mi blog, cuando sentí unos ojos que se clavaban en la pantalla, miraban por encima de mi hombro, luego vino una risa burlona. Giré la cabeza, para saber quien era, porque no me hace gracia que lean sobre mi hombro y menos que se rían, caí en la cuenta que los que leen el blog se ríen y eso me gusta; pero alguien detrás de mí, pues eso si que es feo. La cosa es que sin preguntarle nada empezó a hablar.

—Bueno Johan, ¿ni modo que sos de esa gente que se cree todas las historias que circulan por email?

Cuando sentí ya se había sentado a la par mía, en uno de esos banquitos de plástico que tiene el Adán, para cuando llegan los patojos a hacer la tarea en grupo.

—Mirá vos, la cosa es que casi el 100% de esos correos que cuentan historias de miedo, sobre virus de internet, figuras raras en la calle, y muchas otras, son puras "leyendas urbanas".

Puso las manos sobre el teclado y escribió: hoax y claxon, de inmediato se desplegaron los links hacia un buen número de historias de personas que habían evitado tocar la bocina (claxon) y se habían ganado algunos billetes; algo así como lo que la gente anda contando en Guatemala, lo de los mareros hombre, ese cuento que dice que si uno toca la bocina lo matan, y si no la toca le dan dos mil quetzales.

Como a mi la palabrita Hoax me sonaba a estafa, le pregunté: ¿qué ganan los que mandan estos correos? El cuate se rió, la verdad se carcajeo.

—Si que sos inocente vos Johan, si vos reenvías un correo, sin borrar las direcciones de todos a quienes les fue enviado, estás poniendo toda esa información al servicio de un resto de mara, al rato te caen un montón de correos basura y anuncios, entonces vos decís: "pero si no le di mi dirección a nadie"; además logran congestionar las redes, porque cada uno manda a diez, luego diez más y sigue y sigue. Quizá alguno lo hace de buena fe, solo quiere diseminar su mensaje, sin importarle si lo leen o no, de alguna forma es como repartir volantes en la sexta.

Así pasó un buen rato, hablando de leyendas urbanas, todas tienen moraleja, la del SIDA, la de la niña perdida en el súper mercado, la de la bocina, llegué a sentirme ridículo, un poquitío nada más, cuando dijo: "mirá vos, los ancianos y los niños se la creen rapidito, y sirve como disuasivo, ya viste que ahora se escuchan menos bocinazos en las calles”.

Me contó de la famosa película del Jesús gay, que hace treinta años vienen diciendo que se va a filmar; del niño de las tarjetas, esa lleva más de veinte años, con diversas variaciones; y aquellas que dicen que el Hotmail dejará de funcionar, que el Messenger ha llegado a su límite; y la niña que tiene como quince años de estar muriendo de cáncer; o aquella de la viejita que quiere compartir su fortuna, a veces el nombre cambia por Bill Gates; de las papalinas que vienen contagiadas de tuberculosis, esas que venden en los semáforos; hay para todos los gustos.

—Mirá Johan, la gente no debería ser tan crédula, aunque eso les sirve para ver la vida con esperanza, y también con temor.

El Adán estaba alegando con su traída, entonces me acerqué a ver que pasaba, líos de patojos; cuando voltee el chavo se había ido.

Como no le pregunté su nombre, le dije al Adán: vos, ¿cómo se llama ese maestro con el que estaba hablando?

—Puta Johan, ¿cómo así? Ni modo que ya andás borracho, si ni siquiera es medio día; vos hablando con la pantalla estabas; yo pensé que estabas hablando con tu hija por Skype.

Le conté lo que me había pasado.

—¡Ah!, vos a quien viste fue al guardian de los hoaxes, un chavo que se murió por creer en esas pendejadas, dicen que se aparece en los cafés internet, para evitar que otros crean y les pase lo mismo que a él; sos el segundo que lo mira en esta semana.

Ya ven pues, de repente estoy cayendo en la sicosis colectiva, o quizá me estoy volviendo esquizofrénico, cosas de viejo pajero; vaya que viene la semana santa, hay que descansar un poco, relajarse, prepararse para sufrir el sitio que le ponen al centro histórico.

Salú pue.