jueves, 24 de septiembre de 2009

Relaciones, atracciones y otras fatalidades

A pesar de mi timidez les he contado algunas cosas que pasan al terreno íntimo, recuerdan el episodio de Marina (quien no se llama así); además por ahí he mencionado a mis dos hijos, ellos viven en el extranjero y la única comunicación que tenemos es vía Skype y correo electrónico. Aparte de eso muy poco, pero no se hagan ilusiones, así seguirá este rollo, la timidez no se quita de un día para otro.

Hace unos días me topé con Marina (ese no es su nombre, pero así le decimos aquí entre nos), la iba a saludar, ya saben, iluso que es uno, creyendo que se pueden mantener relaciones amistosas con las ex, pero se hizo la loca y se cruzó la calle. Me quedé un poco contrariado porque quería platicar con ella. La verdad, así sin pajas, es que estaba buscando alguien con quien platicar, sin importar quien, era uno de aquellos días en los que la soledad ataca, pero se pasa rápido.

Seguí caminando y llegué a La casa de los nazarenos, ese cafecito que está enfrentito del Conservatorio nacional de música. Entré, pedí una mi tacita de café, saqué un mi librito, me acomodé, adopté mi pose antropológica, pero como no había nadie me puse a cazar moscas con la vista; nada que con la mano, como Obama; o con palillos chinos, como el Karate Kid; yo con la pura vista, así miren, así.

Unos minutos habían pasado cuando entró una pareja, bien chavitos ellos, parecían estar peleando, digo yo, porque la gente no se habla gritando. Se sentaron uno frente al otro, ahí fue cuando confirmé que estaban peleando, pues aunque no los conozco, es casi seguro que de estar contentos se hubieran sentado a la par. Cuando uno es patojo aprovecha cualquier lugar para apechugar a la novia.

La niña tenía los ojos rojos, su compañero miraba al horizonte, ella rogaba, él se dejaba rogar, pura escena de telenovela mexicana parecía. Pidieron un café y siguieron con la pelea, así pasaron algunos minutos. Finalmente ella sacó un peluche de su mochila (al mismo tiempo salieron volando unos cuadernos), le arrancó la cabeza, tiró una parte al suelo y la otra a la cara del patojo (pero no le acertó), se dio la vuelta y se fue; el chavito se quedó con cara de tonto; yo que soy muy observador me di cuenta que esa cara ya la llevaba cuando entró, o sea que no fue por el clavo que se le puso así.

Entonces, de golpe, me acordé de una novia que tuve, hace muchísimos años, era una muchacha bonita, aunque nada excepcional; me gustaba cuando se me quedaba viendo, como dicen los mexicanos, con ojos de borrego a medio morir. Era bien linda, se esforzaba mucho, me escribía largas cartas de amor, y también poemas, decían más o menos así: pero me acuerdo de ti y se me desgarra el alma; n’ombre esa es la letra de una canción. Lo que les quiero decir es que se plagiaba canciones y poemas, luego me los dedicaba; se daba a querer.

La relación no duró mucho, porque de una carta a la semana, pasó a una diaria y después a dos o tres. Ahora agradezco que no haya sido en estos tiempos de Internet, correo electrónico y blogs, porque me los llenaría en un decir Jesús. El asunto es que se convirtió en una Fatal atraction (no me vayan a decir que no se acuerdan de la mentada película), afortunadamente yo no tenía conejos que me pudiera poner a hervir. Me libré de ella más fácil de lo que imaginé: me cambié de casa y no le di mi nueva dirección.

Ahora que lo pienso, hay muchas parejas que se convierten en fatal atraction. Cuando uno llega a sentirlo han acaparado todos los espacios, se hacen omnipresentes (pero no porque sólo quieran mantenerse en el Omni), cuando uno no está llaman, y si no se les da aviso cuando se sale se ponen agresivas y terminan llorando, bien manipuladoras. Lo peor es que como cuesta librarse de ellas.

Yo creo que no sólo las mujeres se transforman en atracciones fatales, también deben existir hombres que lo hacen, pero eso que lo cuenten las estimadas maestras que tengan a bien leer esta notita.

Salú pue.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Independencias, dependencias, el señor León y la negra que tiene tumbao

Es el cumpleaños de la patria, el estribillo anda en boca de todos. Se pone bien azul la ciudad, llena de banderitas, bien linda se mira.

La verdá que ese rollo de la independencia ni me va, ni me viene. Pensarán que lo digo porque no nací en este país, pero no duden que me siento tan guatemalteco como tú. Sucede que soy iconoclasta y no puedo hacer nada al respecto.

Siempre he dicho que la independencia está bien, ya vieron que Gandhi se moría por ver una India libre, y así fue. Por eso no minimizo esas cosas, cada quien puede ponerse banderitas donde lo crea conveniente y celebrar, y marchar, y tocar redoblantes.

El asunto viene a colación porque unos hablando de independencia y yo ando de dependencia en dependencia. Les cuento: estoy haciendo un mi trámite burocrático. Como saben, esos señores son especialistas en complicar todo y lo que debió haber tomado un par de horas se convirtió en aquella famosa historia que escribió Kafka. Entonces me mandan y regresan de una a otra dependencia, estas a su vez dependen de alguien que, según dice, no puede darme una solución.

Se trata de algo simple, eso creo. El patojo de la ventanilla tiene voluntá, claro que él depende del titular de la dependencia; por eso me envió a otra dependencia, para ver si podían ayudarme; pero nel pastel, ellos también dependen del mismo jefe. Así es que me toca esperar a que pase el feriado por la independencia patria. Me la hicieron cansada y así me siento, cansado.

Por eso terminé pensando que la independencia nos dejo llenos de dependencias que complican la vida del ciudadano independiente.

Todavía estresado, llegué al internet del Adán buscando algo de relax o de relajo en la web, y con ganas de contarles el asunto. Me senté, al rato me di cuenta que tenía una llamada perdida y un mensaje de voz; lo escuché y resulta que una linda y agradable voz femenina me dice: Johan, por favor puede comunicarse con el señor León, al teléfono xxxxxxxx, para un asunto que le interesa.

Tuve la intención de devolver la llamada, pasó por mi mente que alguno de esos burócratas se había compadecido de mí. Eso no sucede, me dije, al tiempo que recordé la broma clásica.

El Adán y el Beto me miraban de reojo, fue ahí que les eché a perder el chiste. Ni crean que voy llamar al zoológico y preguntar por el señor León, esa broma es tan vieja que creo que la inventó el mismo Noé, les dije. Se quedaron viéndome, con cara de decepción. Yo seguí escribiendo mi post.

No sólo los trámites burocráticos hacen estragos, también los desfiles, aunque a la larga hacen menos que las procesiones, así es el centro histórico. En estos días el tráfico se pone peor que de costumbre, porque ahí anda la mara de arriba para abajo, corriendo con una antorcha en la mano, y todos atrás de quien la lleva, como que fuera Forrest Gump.

Conste que muy de vez en cuando se tiene suerte y el congestionamiento es provocado por algo que vale la pena ver; como sucedió hace unos días.

Se acuerdan de aquella morenaza que aparece en el video de Celia Cruz, el de la canción que se llama, o que dice: La negra tiene tumbao. Fíjense que iba con unos cuates, caminando a la altura del Artecentro de la fundación Paiz (de lo poco que les quedó después de haber vendido los supermercados a Walmart), y que empiezan a circular más despacio los carros, y aprovechando el rojo del semáforo se quedan parados y así se mantuvieron, a pesar de haber cambiado a verde.

Yo soy mero distraído y primero me di cuenta del embotellamiento, pasados unos segundos volteé la mirada y que se revela ante mis ojos tremenda mujerona, era ella, la misma del video. Fue ahí que entendí por qué todos se quedaban observando; si hasta una patoja le pegó un codazo a su novio, no porque él estuviera viendo, más bien porque él no había visto, lo codeó para avisarle, buena onda ella.

El espectáculo duró unos minutos, la chica correspondió las miradas, sonrió, se detuvo, luego siguió caminando, moviéndose más, como en el video. Fue impresionante, aun después de haber desaparecido todos quedamos con la vista fija hacia el lugar en el que estuvo.

Con esta evocación se fue mi estrés, al grado que dije en voz alta: claro que tiene tumbao la negra.

Salú pue.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Apuntes del día noveno, del noveno mes, del noveno año.

En el día noveno, del noveno mes, del noveno año del tercer milenio, sucederán cosas extrañas. Es un intento de profecía, aunque nunca he sido bueno para ver el futuro, no niego que a veces me dan ganas de entrarle a la profetizada, como hacía Juan Dámaso. Mejor esas cosas se las dejo al Jonás.

El día tiene algo de cabalístico, pero me temo que hace falta que sea el año 9999 para que de verdad se preste a más supersticiones. Si alguno vive hasta esa fecha me cuenta, aunque pensándolo bien no podría hacerlo porque no estaré.

El Jonás y el Adán dicen que alguien pronosticó un cataclismo para el 09-09-09, a las 09:09; ya ven que no pasó nada. También mencionaron que alguna gente opina que será a las 09:09pm. Digo que no hay de que preocuparse, nada pasará; además en la noche ya serían las 21:09.

Dejando de lado los delirios de profeta, pues no tengo ningún talento para ello, viene a mi mente un post del maestro Juan David Vélez, colombiano él, quien tiene un blog bien chilero. Él habla de sus talentos y leyéndolo me dieron ganas de explorar dentro de mí, para ver si tengo alguno.

Hace algunas décadas, cuando todavía daban boleto al subir a la camioneta, ¿recuerdan que tenían un número? Uno se ponía a sumarlos y si daba 21 se lo podía cambiar a una patoja por un beso. Yo era bueno para encontrar esos boletos, no era que tuviera suerte y siempre me tocaban, lo que hacía era quedarme viendo a los que la gente dejaba tirados y de inmediato me daba cuenta si sumaban 21. También era bueno para encontrar los capicúa, claro que por esos no daban beso, pero era raro conseguir uno. Por aquellos años mi hija miraba Plaza Sésamo, ahí salía un vampiro que tenía la manía de contar todo: 1, 2, 3, 4, y así se iba. A mí se me pegó, sólo que ahora cuento cuentos pajeros.

Algo que considero un verdadero talento es que puedo leer un libro y al terminarlo lo dejo como nuevo, sin hojas dobladas por las esquinas, sin manchas en la portada, nítido queda. Es algo que no sirve de nada, porque el tiempo termina por arruinarlos, se llenan de polvo y las hojas se ponen amarillas.

Lo de contar cuentos si me ha sido útil. Cuando llegaba tarde, o no llegaba, al trabajo, era fácil inventar un cuento. Los hacía tan perfectos que siempre convencía al jefe. Si era un accidente y me pedían detalles, sobre lo que fuera que hubiera contado, inventaba sin parar. Así fue como me hice pajero. Esto es paja maestros y maestras, nunca en la vida he tenido un trabajo fijo, con jefe y todo lo que conlleva.

Durante el tiempo que tengo de escribir este blog, he descubierto que poseo el talento de exasperar a cierto tipo de gente. Personas que no conozco, ni me conocen, pero que se enojan conmigo; quizá se sienten reflejados o aludidos en lo que escribo. Una vez hasta llegaron a retarme a un debate sobre los cuentos pajeros. Es quizá lo más chistoso que me ha pasado, porque ¿quién querría debatir sobre pajas?

Creo que otro de mis talentos es que todo me da igual, no me hago bolas. Y ahí le paro, pues no quiero parecer engreído. Mejor compartan ustedes sus talentos.

Salú pue.

lunes, 31 de agosto de 2009

Guatemala, país de contrastes; o, el libro Guiness de los records, la comida en abundancia y la gente que se muere de hambre.

Hay mucha gente que se esfuerza por implantar algún récord para que aparezca en el libro de Guiness. Eso no tiene nada de malo, cada quien con su rollo, o sea, cada loco con su tema. A mí esas cosas siempre me han parecido triviales, es algo así como sentirse orgulloso porque alguien nacido en Guatemala haya escalado el Monte Everest, o porque unos fulanos ganaron un concurso después que todo mundo se puso a gastar su pistío enviando mensajitos de texto. No se trata de restar méritos a la mara, ni de pensar en que el pisto gastado mejor lo hubieran empleado en algo de beneficio social, esa es otra historia. Lo que pasa es que hay actividades que de plano son para gente sin oficio, como esto de escribir en un blog.

Yo respeto mucho a Chespirito, porque encontró la fórmula del humor y la repitió, y repitió, durante muchos años, y le gustó a generaciones de generaciones; también lo respeto porque es un tipo listo. Una vez un periodista mexicano le preguntó si había considerado inscribir su programa en el libro de Guiness, por todo el tiempo que había durado en el aire (o creo que fue porque su obra 11 y 12 estuvo un tanatal de años en la cartelera teatral), el chiquitín respondió, más o menos así: No me interesa estar inscrito en un libro junto a alguien que se haya comido o fabricado la salchicha más grande del mundo.

Pues fíjense que les hago todo este cuento porque desde hace unos días la prensa guatemalteca anda diciendo que en Guatemala hay desnutrición, y todos los días le dan al mismo tema. Y que se enoja el presidente, y que pone al ministro de salud a que lo niegue, y que el ministro de salud dice que no hay desnutrición aguda, que lo que hay es desnutrición crónica; y que ni se dio cuenta que metió la pata, porque en todo caso eso es peor; y que lo que él quería era echarle la culpa a los gobiernos anteriores, y que la prensa lo pone en evidencia, y que la cosa es la de nunca acabar.

Aquí les recuerdo que Guatemala siempre ha sido un país de contrastes, como decía antes la publicidad del INGUAT (Instituto guatemalteco de turismo). Siempre se pueden poner los mismos ejemplos: el país con uno de los mayores índices de analfabetismo, tiene un premio Nobel de literatura; uno de los países más violentos del continente americano, tiene un premio Nobel de la paz. Ahora se agrega el récord mundial, ya se ha solicitado su inscripción en el libro de Guiness.

Resulta que unos doscientos sesenta chefs se pusieron a cocinar juntos y, así en montón, lograron elaborar mil ciento cincuenta y ocho platillos válidos, totalmente comestibles, cosa que fue certificada por el adjudicador de Guiness. Mucha gente llegó al evento; algunos pagaron su entrada, otros fueron invitados, pero todos los afortunados comieron hasta decir basta.

Dicen que de tanta gente que había hasta chiquito se miraba el lugar. También cuentan que bien bonita estuvo la actividad, que la comida quedó rica; por ahí leí que se trataba de la clausura de la feria alimentaria. Lástima que no clausuraron el hambre en Guatemala, claro que ellos no tienen la culpa, no quiero sonar como esos que siempre andan mal criticando.

Porque miren como son las cosas, unos esforzándose para poner en alto el nombre de la patria; mientras que otros ya andan diciendo que por qué no hicieron esa comida para la gente que está padeciendo hambruna y desnutrición.

Ya vieron pue, no es que haya falta de comida, lo que sucede es que siempre hay gente a la que le cuesta estar en el lugar correcto, a la hora correcta.

Salú pue.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Jonás no le hizo caso a la palabra de dios o el evangelio de la verdad o la necesidad de ser miembro de alguna hermandad.

Conocí a Jonás hace varios años, en uno de los primeros talleres que organicé. Por aquellos días su fundamentalismo saltaba a la vista, pues siempre andaba con la espada desenvainada; es decir, con la Biblia desenvainada y, apoyándose en el buen libro, atacaba a cuanto tallerista se le ponía en frente: si una chava escribía temas sexuales, él le decía que estaba desperdiciando su talento y mostrando al mundo su concupiscencia; si un chavo escribía algo escatológico o sangriento, igual sacaba la Biblia. Agarraba parejo, nadie se salvaba de sus sermones. Le caía mal a las mujeres, en general, no sólo las feministas, desde el día que dijo: está bien que las mujeres escriban, pero deben hacerlo después de cumplir con los deberes del hogar.

Así era el Jonás, bien lindo él, insoportable, estuve a punto de mandarlo a volar, pero sus poemas eran buenos, revelaban, en buena medida, el conflicto que llevaba dentro, a pesar que en aquel entonces escribía sobre temas religiosos, bueno ahora también escribe de lo mismo.

Resulta que un día de tantos, siempre por aquella época, me lo encontré en la calle, estaba barbado, descuidado y bastante distraído. Pasó enfrente de mí y no saludó, tuve que seguirlo durante unos metros, hasta que lo tomé del hombro y le dije: ven en pos de mí, no, eso es paja; el caso es que lo invité a tomar un café y después de unos minutos de silencio aceptó.

El patojo estaba triste: no sé que me pasa Johan, creo que estoy a punto de perder mi iglesia, dijo. Ahí fue que me di cuenta que el Jonas había visto la luz; pero no la que él creía haber encontrado años antes, ahora estaba convencido de la inexistencia de dios y decía que la religión era el opio de los pueblos; esperen, creo que eso lo dijo Marx; lo que dijo el Jonás fue: es un requisito, una especie de ritual, un amuleto, algo que no sé explicar, pero que es necesario para el ser humano. Mero loco el patojo.

Otras de sus palabras fueron, medio me acuerdo: me di cuenta que la Biblia es un libro lleno de mitos y leyendas, algo cercano a la literatura, no una guía para la vida. Ahora entiendo que podemos orar o rezar, pero sin esperar a que se cumplan nuestros deseos, la oración sirve para liberar el espíritu, nos conecta con nosotros mismos, con nadie más. Los milagros ocurren en forma aleatoria, porque tienen que ocurrir, porque siempre hay cosas que se salen de la norma, no porque tengamos fe, ni porque una fuerza divina nos haya escuchado, eso no existe. Entendí que hay que ver la vida como una oportunidad única, vivirla al máximo; no hay infierno, no hay cielo, ni caminos angostos que nos lleven allá; solo existe lo que tenemos enfrente, sin ilusiones, sin magia. Yo sólo atiné a pensar: puta, el patojo no es tan baboso.

Pocos días después me contó que estaba tratando de transmitir ese pensamiento a los miembros de su iglesia; es decir, quería predicar, según sus palabras, el evangelio de la verdad, una iglesia sin milagros, en donde no sería necesaria la fe. El problema es que al decir que no había cielo, la gente dejó de llegar, cuando me lo contó dijo: Johan, la gente quiere una esperanza, no importa que sea falsa; les gusta dar ofrenda y diezmos, porque piensan que están pagando, por abonos, su casita en en cielo; quieren orar y creer que eso provoca milagros; quieren reírse del vecino que tiene menos, porque es un hombre de poca fe, por eso no recibe la bendición de Dios; quieren sentirse hijos del todopoderoso.

No quise decirle nada, en ese momento Jonás estaba en una encrucijada, si le daba a la gente lo que quería se sentiría culpable, como un estafador. Además había llegado a vivir bien; tenía una casita, comprada con el dinero de los diezmos; un carro de segunda, en buen estado, que le había regalado un hermano; viajaba a predicar a Los Ángeles, a una iglesia hermana; sus hijos estudiaban gratis en el colegio de un miembro de la iglesia; una hermana les llegaba a hacer limpieza, una vez a la semana, ella estaba haciendo puntos para que el señor le concediera un su milagrito. No era fácil deshacerse de los privilegios; por otro lado, no faltaba quien estuviera dispuesto a darle golpe de estado.

Unos meses después ya estaba más animado. Llegó a mi casa, llevaba un documento de varias páginas, que contenían sus Salmos pajeros, esos poemas chilerones que se han publicado en el blog de los cuentos pajeros.

Me contó que se las había ingeniado para darle a los hermanos lo que pedían y al mismo tiempo estar tranquilo con él mismo; sus palabras fueron: fijate Johan, el domingo doy dos servicios, el de la mañana con lo mismo de siempre: música, alabanza, oración de fe y todo lo demás. En la tarde otro de puro estudio bíblico, de verdad, sin pajas, sin cielos, sin infiernos, sin milagros, sin necesidad de tener fe. Empezamos cinco personas, ya somos como veinticinco, y poco a poco voy a ir metiendo a toda la mara. Lo bueno es que no han dejado de diezmar, pero lo hacen por su gusto y gana.

Mirá pue, que interesante, de repente un día de estos te caigo por ahí, le dije.

Ya ven que para todo hay público y feligresía, hasta para la iglesia más sincera del mundo.

Salú pue.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Las dudas existenciales, los grandes filósofos y la música pop.

Hay días en los que a uno le da por ponerse a filosofar. Dicen que eso de hacerse preguntas es lo que diferencia al hombre del mono, esa capacidad de pasarse las horas no de rama en rama, sino de tema en tema. Yo creo que son pajas, hay monos que son más listos que muchos humanos.

Sucede que uno se abstrae y los pensamientos divagan, y cuando menos se espera se viene a la mente la letra de una canción pop, de esas que son del dominio popular, de la que se escuchan en todos lados. Entonces uno reflexiona y dice: esta no es cualquier canción (eso lo dice el snob que se lleva dentro), porque es del gran José Luis Perales (recuerdan a ese cantante que tenía cara de bonachón, que hacía sentir intelectual a todo aquel que lo escuchaba); luego se hace otra reflexión y se dice: tampoco es cualquier canción de José Luis Perales, se trata de la canción más emblemática del cantautor. Para ese momento ya uno está sumergido en la letra y las preguntas existenciales, aquellas que nadie pudo responder se vienen de golpe y con ello la desesperación, porque se ha pasado media vida desde que la canción sonó por primera vez en la radio y a la fecha nadie sabe ¿Y cómo es él?

La cosa es que ya metido en el rollo se asoman otros temas, como aquel de las famosas filósofas mexicanas, Pandora se llamaban, ellas ponían en qué pensar a todo mundo, cuando al unísono entonaban ¿Cómo te va mi amor, cómo te va? Sin embargo, ellas iban más lejos, porque la duda lo dejaba grogui a uno y para rematarlo soltaban ¿Eres feliz mi bien, sin engañar? Y ahí sí, se iba uno a la lona, porque nadie puede soportar tanta duda en una canción, a menos que se esté acostumbrado.

La filosofía es algo muy serio, más cuando las referencias vienen de los mayores filósofos que han existido, ellos se distinguen por no lanzar preguntas, aunque siempre se manifiestan por medio de la incertidumbre; uno de ellos es aquel insigne filósofo mexicano, ese chiquitín que cantaba ladeando la cabeza, como quien tiene el cuello torcido, era estremecedor escucharlo cantar en vivo, más cuando decía: pero lo dudo, conmigo te mecías en el aire, volabas en caballo blanco el mundo y aquellas cosas no podrán volver, y remataba: Y es que lo dudo, porque hasta a veces me has llorado por un beso. Evocar esa letra, mientras se está filosofando, produce que a uno le tiemblen las manos, porque se está ante lo profundo, ante algo que roza lo sublime.

Hay grandes misterios que nunca serán revelados a los simples mortales (haciendo gala de toda la modestia que alguien pueda tener, yo me ubico entre los simples mortales), pero mientras uno está filosofando siempre quiere encontrar respuestas. Entre esos misterios que nadie podrá resolver jamás, porque el autor de la pregunta se murió y no dejó ninguna pista, ni siquiera en su testamento, es más, pienso que ni él mismo sabía la respuesta. Pero ya no les doy más paja ni les creo ansiedad, aquí estoy hablando de aquel gran filósofo, quien no filosofaba solo, él tenía un grupo que daba mayor esencia a sus letras, se acuerdan de un peludo con anteojos, que usaba esos pantalones de gabacha y que, medio moviéndose, preguntaba: ¿Quién pompo, quién pompo, quién pompo esas cositas, quién pompó?

A ver si me cuentan sus dudas existenciales.

Salú pue.

lunes, 10 de agosto de 2009

Habemus libro

Estimado público que lee y que visita este blog, está página electrónica, este su rincón de la cultura; en esta oportunidad se me ha encomendado venir a ofrecerles lo que es esta pequeña publicación, este novedoso objeto de sabiduría, este pequeño libro. El mismo se llama Cuentos pajeros vol. I y le trae lo que es la recopilación de una serie de relatos, narrativas, cuentos, que se inscriben dentro del género pajero.

Este ejemplar, publicación, hermoso libro, no está a la venta en librerías, únicamente por el día de hoy se me ha autorizado para que se lo ofrezca a usted especialmente.

Su colección de cuentos, recopilación, hermoso libro, le tiene un valor simbólico de Q30.00, sólo treinta quetzalitos, los que equivalen a unos US$3.64, mucho menos de lo que le cuesta comprar una cerveza o un libro de otros autores menos reconocidos.

Si usté hace su pedido al correo electrónico jobuwa@gmail.com le estaremos enviando lo que es su libro, Cuentos pajeros Vol. I, directamente en la puerta de su casa, sin que eso le signifique recibir cargos extras.

Escriba ya.

EL LIBRO TAMBIÉN LO PUEDEN ADQUIRIR PERSONALMENTE EN:

COPIMAX
8a AVENIDA 20-44 ZONA 1
(Frente al edificio de Finanzas)