jueves, 10 de junio de 2010

Después de la tormenta limpiamos y escuchamos a Sergio Mendes, algo así como los locos de la colina

Hace unos días, cuando todo mundo andaba diciendo que el Apocalipsis había llegado a Guatemala yo dije Naaaaa, y tenía razón, no sobrevino el final, pero casi. Llovió arena y agua maestros y maestras; se abrió un agujero, en la zona 2, que se tragó una casa entera; las calles de la ciudad quedaron negras y varias de las principales carreteras del país se destruyeron; muchos puentes se cayeron, fue tremendo desastre. Casi quince días después de que el Pacaya y Agatha hicieran de las suyas, la gente todavía anda medio surumba, esquivando volcanes de arena en las calles, aunque lentamente todo va volviendo a la normalidad.

Después se hizo una calma chicha (así le dicen los marinos), no se movía ni una hoja, entonces los vecinos decidieron poner manos a la obra en la limpieza y me involucraron en el rollo; a la dueña de la casa, su hija, yerno y demás familiares, les entró la conciencia y ni modo que me hiciera el loco con la arena; por otro lado, las láminas del techo podían desplomarse, por el peso.

El domingo después del paso de Agatha el clima todavía amaneció medio raro, pero la gente estaba animada, quizá felices de estar vivos. Se subieron a limpiar los techos, llenaron un montón de bolsas, como eran de plástico, como las que se utilizan para la basura, varias se rompieron al cargarlas; pesa mucho esa arena, a saber qué cantidad de metales tiene, ahora entiendo por qué le quieren sacar el hierro y dejar desnudas las playas.

Un vecino trajo su equipo de sonido, para alegrar lo que parecía una fiesta de la buena vecindad, la dueña de la casa se entusiasmó tanto que hasta fue a comprar chorizos y se puso a asarlos en una churrasquera chiquitía. Me acordé que tenía un disco de Sergio Mendes, que me pareció como anillo al dedo, ya saben, esa música es easy listening —como ahora está la moda de andar poniendo expresiones en inglés— animada y las voces de las chicas son dulces y se meten en la cabeza; además, la Bossa hace que uno quiera moverse. Le di el disco al DJ y lo puso, aunque antes lo revisó como quien mira algo viejo, no a mí, al disco, ya ven que ahora todos utilizan Ipod y esas cositas USB. Mais que nada empezó a sonar, los patojos la identificaron como algo que canta un grupo moderno, dijeron el nombre, pero no les puse atención.

Con música, chelitas y compañía, la limpieza parecía más una fiesta callejera que la reacción a un desastre o una emergencia. Algunas de las canciones gustaron más a los patojos, otras dijeron que eran para viejos. La que de verdá pegó fue Fool On The Hill, la vieja canción de Los Beatles, que Sergio Mendes convirtió en Bossa Nova. La versión original habla de un loco que oye voces y nadie lo quiere, un poco tétrica, pero a ritmo de Bossa, voces de chicas a las que uno se imagina en bikini y abrazando una guitarra, resulta relajante; aunque el hombre en la colina siga viendo como el mundo gira y escuchando voces que a saber de dónde vienen; ya me puse filosófico.

La música quedó perfecta para el nublado día, las cervezas y las tortillas con chorizo hicieron juego con la falsa playa. La mara le dio duro a la limpieza, yo también, no crean que soy gorrón; al rato estábamos como que nada hubiera pasado, maquillaje para un día post-desastre.

Salú pue.

viernes, 28 de mayo de 2010

El volcán se llama Pacaya, pero escupe arena; la ciudad cubierta de negro, algunos muertos, unas recomendaciones; ¿Apocalipsis ya? Naaa

Cuando mi hija, quien ahora vive en Londres, era pequeña, asombrada por la cantidad de volcanes que hay en Guatemala, los señalaba y preguntaba: ¿Y ese volcán cómo se llama? Yo le decía: “Ese hija mía, le dicen volcán de fuego, porque escupe fuego”. Luego decía: ¿Y ese de allá? mientras señalaba el cono perfecto, bien chilero que es, del volcán de Agua; entonces yo respondía: "Es el volcán de agua, dicen que en una ocasión tiró agua, mucha agua, con la que inundó la capital de Guatemala". Cuando señaló ese volcán que toda la vida se mantiene escurriendo lava le dije que se llamaba Pacaya, a lo que dijo: Ah, hubiera sido de elotes, porque las pacayas no me gustan.

Les cuento la anécdota porque me acordé ahora que el volcán está haciendo de las suyas; ya ven que la mara rápido se pone a decir que son señales del fin del mundo, que se abrió el primer sello, que Nostradamus lo predijo, que no sé qué tantas otras cosas, por eso yo mejor hago la siguiente convocatoria.

A todos los pastores religiosos, sacerdotes mayas, sacerdotes católicos, rabinos, brujos, chamanes, imanes, y todo aquel que se sienta en capacidad de invocar a un dios propio o ajeno, para que se unan y entre todos se pongan a recoger la arena que ha cubierto la capital y lugares circunvecinos.

¿Qué pensaron? Que iba a decirles que unieran sus rezos y oraciones para pedir que cese la lluvia de arena y ceniza, bueno si quieren hacerlo no los detengo, cada quien con sus creencias, pero primero recojan arena.

Por de pronto les digo que esto no es el Apocalipsis, aunque qué se yo de profecías ni nada de eso; lo que pasa es que no me gusta ser alarmista; eso sí, tampoco hay que ser tan confiados, algunas precauciones hay que tomar; por ejemplo, si sale a la calle póngase un gorrito; si bebe no maneje, menos ahora que no se mira; si las plumillas de su vehículo no sirven, tampoco salga, es mucho tentar a la suerte; si tiene que hacer un su mandado, y tiene que ir a pie, no se ponga zapatos abiertos; no use lentes de contacto, pero si no los usa mejor quédese en su casa, porque de seguro se tropezará con algo y se puede romper algún hueso; por mucho que la calle se parezca a la playa no salga en traje de baño, a menos que sea usté mujer y que tenga algo bueno que enseñar; si tenía programada una excursión al volcán, cancélela y no me pida que le explique por qué; dicen que la arena que ha caído sirve de abono, pero no vaya a querer abonar sus visacuotas con ella; las bajadas de agua y las reposaderas se pueden tapar, eso hay que evitarlo, pero no les ponga nada encima porque entonces se va a inundar.

Si la emergencia persiste les daré otras recomendaciones, por el momento es todo; sucede que desde hace una media hora la luz brilla por su ausencia, y la carga del UPS se terminó; o sea, tengo que apagar la computadora.

Recuerden, hemos visto tantas cosas raras en este país, de hecho ya cayó arena volcánica en 1998, pero ahora fue superada porque vino acompañada por el aguacero (palabra contradictoria agua-cero), queda lamentar los muertos, los heridos y los damnificados.

Que el fin del mundo nos agarre confesados, aquí abajito pueden dar sus
recomendaciones y dejar sus confesiones.

Salú pue.

jueves, 20 de mayo de 2010

La fisioterapia, la media maratón de Cobán; correr es un ejercicio bonito, pero ya les dije que no soy keniano

Voy a contarles una historia que les parecerá de lo más pajero que he contado, pero todo es puro cierto, no vayan a poner cara de duda cuando la estén leyendo, confío en que dos o tres pasen por acá, ahí les va.

La fisioterapista que me está tratando lo del pie (de cuando lo metí en la cubeta y terminé en el hospital), tuvo la idea de ponerme a trotar, insistió en que sería conveniente un poco de ejercicio para fortalecer no solo el pie lesionado, también el resto de mi cuerpecito.

Decidido a portarme bien, para que luego no me regañen, me levanté temprano, tampoco de madrugada, y me dirigí al parque Morazán, para correr de ahí para el hipódromo, ir y venir unas tres veces, ya ven que esa calzada es de las pocas que quedan con árboles, se supone que el aire es más sano.

Bien bonito ir a trotar por ese lado, pude ver a unas señoras, amas de casa la mayoría, que se juntan para hacer ejercicio en grupo. Cuando vieron que estaba solo, me invitaron a unirme a ellas, que por seguridad era recomendable dijeron; andaban cada una con un palo, a la vez que les servía para ejercitar los brazos, lo utilizaban para espantar perros y otros perros.

Al rato me encontré con una patoja, mi conocida ella, se puso a trotar a la par mía y entre plática y plática dijo: Mire don Johan, por que no va a correr a la Mariano (la universidad), al estadio, es que aquí le pueden dar un buen susto, lo pueden asaltar pues.

Como ando en plan de dejarme aconsejar, al otro día troté hacia la Mariano, hasta después caí en la cuenta que lo que la patoja quería era que no invadiera su espacio, me sentí herido, pero luego me peló.

Después de varios días, conocí a una marita, estaban entrenando para ir a correr la media maratón de Cobán, entre todos se pusieron a darme cuerda para que me fuera con ellos. Sabedor que no daría la talla, trotar está bien, pero correr veintiún kilómetros es otro rollo, les di mil excusas. El caso es que se neciaron tanto que no sé ni como me convencieron; así es que paré corriendo en Cobán.

El viaje estuvo chilero, pasamos a comer al rancho, compramos pan en Tactic y como a las cinco de la tarde del sábado llegamos a Cobán. El ambiente era de feria. Los participantes extranjeros estaban desfilando, había música y bebida en las calles; cuando llegamos al parque el grupo se dispersó, uno de ellos dijo: A las ocho nos vamos para el hotel, nos juntamos en el kiosko. Ajá, pensé, de plano se refiere a ese que parece platillo volador, aunque también es como una porta viandas de dos pisos.

Me quedé novelereando por ahí, en eso unas patojas me hablaron y en tono de ruego pidieron que me tomara unas fotos con ellas, pensaron que yo era keniano, no quise sacarlas de su error y aproveché para sujetar un par de cinturitas y zaz que sacaron las fotos.

El tiempo pasó rápido, dieron las ocho y nos fuimos a dormir; el hospedaje era un búngalo que alquilan todos los años; ahí nos quedamos desparramados, en pequeñas camas y colchones inflables; yo me quedé en una esquina, hecho un nudito.

Después del desayuno, nos preparamos para ir a calentar un poco al parque. Me puse la pantaloneta, una playera, tenis, por supuesto; ellos se armaron con cinturones, como los que se ponen los que cargan pistola, solo que en lugar de balas llevaban botellas de Gatorade.

Que gentío maestros y maestras, aquello era un mar de gente, valga el lugar común; de todo había: chiquitos, grandes, viejos, niños, señoras, patojas, no videntes con sus guías, gordos, flacos; en fin, variedad de variedades, todo es variedad. En una de esas un señor me jaló del brazo y me dijo: Véngase conmigo, los kenianos van hasta adelante. A duras penas logré convencerlo de que era más chapín que él.

La carrera empezó, me hice el arrecho y mantuve el paso por unos minutos, pero antes de salir del pueblo ya iba con la lengua de fuera, así que dejé avanzar a todos y traté de correr a mi ritmo, o sea lento, casi caminando; no había terminado de salir cuando los kenianos ya venían de regreso, parecían gacelas, pero negras, cada zancada que daban era de más de dos metros.

Al salir del pueblo venía una subida, luego una bajada, de nuevo subir, otra vez bajar, dar vuelta aquí, otra vuelta allá, lo único que hacía era tratar de mantenerme respirando. Pasaron los cieguitos, los que iban en silla de ruedas, levantaba la vista y solo miraba la espalda de los que me rebasaban; a todo eso había pasado más de una hora, los kenianos de seguro habrían llegado ya a la meta.

Así y todo pude regresar, todavía con vida, la gente me aplaudía; ánimo Johan", escuché que gritaron; púchica, dije yo, cómo supieron mi nombre, entonces recordé que lo llevaba impreso en la parte de atrás de la camisa.

Una patoja me regaló un Gatorade, le pregunté cuánto faltaba, como ocho kilómetros me dijo, fue ahí que pensé, ya no gracias. Bajé el paso; es decir, de caminar pasé a quedarme casi parado, esperé a la ambulancia y les pedí jalón, ya no puedo les dije.

Los bomberos se pusieron chistosos, matándose de la risa me preguntaron: ¿Y qué le pasó?, ya vio que sus compatriotas hace rato que llegaron, hasta ya cobraron el cheque del premio; tuve que volver a explicar que no era keniano.

Así terminó mi aventura cobanera, me dejaron en el parque, busqué a la marita con la que llegué, me hice el loco, no quise contar que tuve que pedir jalón.

Ahora sigo entrenando, a ver si el próximo año logro terminar.

Salú pue.

lunes, 17 de mayo de 2010

Apuntes sobre un loco que juega al fútbol

El Diego Iespien, ese patojo que se empeña en ser cronista deportivo, pero dice que no le atrae ingresar a trabajar a ningún medio local porque todos son unos mediocres, que no saben como hacer una buena reseña de los eventos deportivos, que solo se concretan a dar la noticia, sin esforzarse para ver los detalles, menos para escribirlos; pues ese patojo, cada tanto tiempo me trae alguna de las notas que escribe y que nunca publica, aunque yo le he dicho que abra un su blog, pero él me dice que ya nadie lee blogs, a lo que yo le digo que tiene razón, pero que más de alguno lo leerá. El caso es que el Dieguito se contradice, porque afirma que ya nadie lee blogs, pero me pide que le publique sus notas en el mío, y como no tengo problema con eso, le digo que está bueno.

Entonces maestros y maestras, a continuación les reproduzco una nota del pibe, dirían los argentinos, que escribió sobre el jugador que más polémica genera en este país que, entre otros sufrimientos, también sufre el fútbol.

El loco
La pelota toca su zapato y, de inmediato, una descarga de electricidad sube por todo su cuerpo. La carrera comienza más o menos delante de la línea que divide el campo, se sabe que atrás quedarán algunos rivales, pero no se sabe en dónde terminará la pelota; puede ser que siga pegada a su pie, durante veinte o treinta metros y que luego sea pateada, queriendo hacer un centro al área, para terminar en el fondo del estadio, de la manera más infame; o puede ser que haga una pared, que se la devuelvan, que drible un par de defensas más y que el centro salga perfecto, entonces termina moviendo la red; otras veces él mismo la empuja al fondo de la portería, luego se viene la celebración y la descarga de adrenalina hace que el rostro se le desfigure, por el grito de gol, infunde miedo, pero es imposible no celebrar con él.

Era el año 2002 cuando, vestido con el uniforme de la Universidad de San Carlos, corrió sin mirar quién lo perseguía, en tal estado de inconciencia que medio equipo crema quedó apilado detrás, fue gol. El siguiente campeonato Comunicaciones se aseguró de que no volviera a suceder lo mismo, terminó contratando al jugador.

Nadie debería recordar el accidente que le cambió la vida, pero los fanáticos que no entienden el fútbol se empeñan en culparlo. Intentó pasar la página emigrando, no pudo mantenerse en el extranjero; su regreso fue traumático, los rojos, que lo habían comprado, se empeñaron en alinearlo, aunque su rendimiento fuera bajo, en aquel entonces.

Después de: varias temporadas; incontables corridas; infinidad de centros errados; cualquier cantidad de tiros al marco, sin dirección la mayoría; buen número de goles, muchos de ellos importantes; insultos soportados, lesiones, ausencias obligadas y varios entrenadores, El loco llevó a Los rojos a otro título, (Por supuesto, también fueron importantes: Penedo, Chalito, El chejo, JJ, y todos los demás). Marcó goles, dio asistencias, corrió como ninguno; falló más que cualquiera, incluyendo un penal que nadie lo puso a patear, pero su presencia fue fundamental.

Diego Iespien

Como ya lo he dicho antes, el Diego se emociona, yo no soy mucho de opinar de fútbol, pero si me gusta verlo y dimensionarlo como el fenómemo antropólogico que es.

Salú pue.

jueves, 6 de mayo de 2010

Me publicaron un cuento, aunque no es la primera vez (arrogante que soy), se siente chilero, y una profecía cumplida.

Hace unos días, el domingo 2 de mayo para ser exactos, publicaron un mi cuentito en el Magacín, la revista que sale los domingos en el Siglo XXI, buena onda el maestro Escobar, el patojo que edita la publicación; el caso es que se siente bien chilero ver un texto propio en algún medio escrito; aunque ya me ha sucedido varias veces, se me sube el ego cuando pasa.

El rollo es que siempre hay algún cuate que lo lee a uno, aunque sea en domingo, y luego mandan felicitaciones por la publicación, noveleros que son, como mi amigo Joel; ahora les cuento algo de él.

Tengo años de no verlo, desde que dejé de ir a los eventos del Profe Pedrito, fue precisamente ahí en donde lo conocí, como ya no he ido a San Narcos, digo San Marcos, desde que el Profe murió.

Joel es fiel discipulo del profe, siempre organizando actividades culturales y deportivas; aunque no estoy enterado si sigue haciendo sus festivales de poesía o la salutación a la reina del pueblo, pero es buen patojo (ya no es tan patojo pues, pero así me expreso yo), y de tanto en tanto me escribe un correo electrónico, en los que se puede notar que es de otra época, porque no escribe correos, él escribe cartas, solo que las manda por computadora.

Precisamente ayer recibí un correo de Joel, no dice que leyó el cuento en Siglo XXI, ni que me felicita por lo del conversatorio que hicimos con los patojos de la Marro; la cosa es que me escribió algo que quiero compartirles, ahí les va:

Johan, te acordás que hace años, cuando platicábamos con Pedro siempre salía el tema de los nuevos escritores guatemaltecos, y de lo difícil que era, si no imposible, que alguno se abriera espacio en la literatura mundial (toda la vida hablando pajas nosotros), entonces mencionábamos a Asturias y a Monterroso; resultó que el montón de escritores de aquella época tenían más pose que fuerza, y la pose se desgasta, se acaba; así fue que nos llenamos de escritores y escritoras que solo figuraron en los cocteles, que se conformaron con aplaudirse los unos a los otros, con hacer mesas redondas, lecturas y congresos, en los que participaban los mismos; publicaron sus libritos y se repartieron los premios, pero nunca llegaron a pesar en la literatura. En aquel entonces yo te decía que no había esperanza para la literatura, que su porvenir se veía muy negro.

Tantos años después, treinta o treinta y cinco, vengo a darme cuenta que yo tenía razón, así sucedió, no pasó nada, y lo peor es que el panorama sigue igual; los escritores de ahora tienen las misma prácticas, por lo que sigo viendo muy negro el porvenir de las letras nacionales
.

Joel suele ponerse solemne, y se las da de profeta, además es muy exagerado, yo creo que algo se ha hecho, no se mira pero estoy seguro que ahí está.

Por mi parte, en algo le doy la razón, cuando hablaba del porvenir, ahí si que la profecía se cumplió, él dijo que miraba un negro por venir en la literatura, y ya ven, aquí estoy yo, un negro literario en la literatura chapina.

Salú pue.

lunes, 26 de abril de 2010

De cómo estaba pasando el rato en el parque central y casi termino convertido en asesor político, que “eggs”.

En este mundo, con solo hablar un poco de pajas uno se va haciendo fama de conocedor, aunque en mi caso mi fama no pasa de pajero.

Hace poco salió a luz que un periodista italiano publicó un puño de entrevistas falsas; según dicen el tal Tommaso Debenedetti se inventó que había conversado con un montón de premios Nobel. Pensé que había perdido el primer lugar mundial, que orgullosamente ostento, en el tema de hablar pajas; me asusté maestros y maestras, porque de pronto descubrí que hay mara más pajera que yo; luego un incidente vino a convencerme de lo contrario, ahora puedo decir que, al menos en este país, estoy en el primerísimo lugar del pajerismo, ahí les va la anécdota.

El otro día estaba sentado en una banca del parque central, bueno no hay bancas ahí donde yo estaba, pero uno se puede sentar en la orilla de las jardineras, creo que así les dicen a los espacios en los que hay plantas; el rollo es que al rato llegó un sujeto a saludarme, estaba vestido de traje, sin corbata, con los zapatos recien lustrados, pelo envaselinado con moco de gorila, puro guarura parecía, se presentó y dijo que nos conocíamos; pues fíjense que resultó que sí lo conocía, pero no fue por casualidad que llegó a saludar, ahora les cuento.

Después de su corto saludo y de explicarme cómo me había encontrado, pasó a lo siguiente: Mire Johan, trabajo con una Doña que quiere lanzarse a un cargo de elección popular, ella ha leído su blog, yo también, por lo que pensamos que siendo usted tan pajero es la persona idónea para escribirle discursos y ayudarle a hacer un plan de incidencia.

Yo siempre he sido alérgico a cualquier cosa que tenga que ver con política partidaria, más en este país, no hace falta decir que aquí todo eso está tan desacreditado; pero por pura cortesía escuché todo lo que tenía que decir antes de replicarle que le agradecía mucho su interés, pero tanto él como la doña estaban equivocados, que aquello no era buena idea.

El tipo era efusivo, pintoresco y, sobre todo, necio, así fue que, sin hacer caso de lo que dije, me propuso que hablara con ella: Mire Johan, cabal el 24 (o sea el sábado que pasó) hay una reunión en Escuintla, ella va a estar ahí, yo pasó por usted a su casa, lo llevo, le habla y mira si le conviene el negocio; puse mil pretextos, pero él maestro no aceptó un no como respuesta.

Después de un buen rato de estarme negando firmemente se quedó viéndome a los ojos y dijo: Johan, si usted no va nos va a ir muy mal a los dos, mientras hablaba se metió la mano en el saco, como quien alivia una picazón en la axila, o como quien busca algo. Ya cansado del tema, y con la duda de qué estaría buscando entre el sobaco, finalmente, le dije que estaba bien, que iría.

Me explicó que se trataba de una reunión llamada: Apoyando a la gente o algo así, iba a ser en Escuintla, a las nueve de la mañana, que él iba a darme una acreditación para que no tuviera problemas en la entrada.

El sábado me levanté temprano y me fuí al parque, tampoco quería decirle donde vivía, aunque supuse que si me había encontrado lo más seguro es que también supiera en donde vivía.

Unos minutos antes de las nueve ingresamos al centro deportivo, todo estaba preparado para la reunión, pantallas gigantes, decoración bien chilera, gente ya sentada en la mesa principal, para mi sorpresa resultó que eran ministros y funcionarios del gobierno; me senté en una esquina, desde donde todo se miraba bien calidá; al rato se aparecieron la presidenta y el primer damo; no, al revés, la primera dama y el presidente y la reunión dio inicio.

Estuve a punto de retirarme, luego pensé que podría estar interesante, de cualquier forma la famosa doña no aparecía. Así fue pasando el tiempo, un discurso por aquí, otro por allá, de repente repartían botellas con agua, sin etiqueta; al rato pasaban bandejitas con un croissant y un juguito, a los de la mesa los trataban mejor; claro, ahí estaban el presidente y su señora, aunque no era mucho más: vasos con hielo, refrescos, sánduches y cositas por el estilo. Nada interesante hubo en los discursos, lo más anecdótico fue el beso, como de telenovela, que la primera dama dio a su pareja, después que terminó de hablar, todas las cámaras los enfocaron y aparecieron en las pantallas gigantes.

La gente parecía conforme, pero insisto, pocas cosas que mencionar: alguien que trataba de entregar una carta; un patojo que hizo un discurso floreadito, bien lindo habló; una doñita que dijo: ya no queremos más cursos de cocina y repostería, ya sabemos ser amas de casa y no queremos más de esos cursos; queremos formación política, que nos den espacios. Un militar que estaba a la par mía dijo, medio susurrando: Y entonces, ¿quién hará el trabajo de la casa?.

En esas estaba cuando sentí una mano en el hombro, era el cuate que me llevó: Véngase conmigo, vamos al parqueo, ahí está la Doña.

Me fui detrás de él, ahí estaba una señora chiquitía y gordita, según me informó el fulano, ella era la mano derecha del gobernador, iban a lanzarla para optar a una curul en el congreso; me extendió la mano, y con algo de pena dijo: Johan, siento haberlo hecho venir por gusto, la verdad es que las cosas cambiaron un poquito, parece que a las mujeres que se suponía votarían por mi no les gustaron los cursos que les dimos; la gente del partido se enojó conmigo, acaban de decirme que por el momento no voy en la lista.

Suspiré aliviado, me compadecí de ella, de verdá que si, le dije que no se preocupara, que estaba a la orden, me despedí y me vine de regreso en camioneta, no quise saber más del tipo de traje.

Salú pue.

lunes, 5 de abril de 2010

De cómo quise escapar de las procesiones y paré convertido en el mejor amigo del perro, pero fui mal amigo.

Ya les he comentado el sitio que sufre el centro histórico por estas fechas. Las procesiones, los penitentes, y todos los que no se fueron a la playa, o al interior, se adueñan de las calles, y los que vivimos por acá quedamos atrapados; bien lindo todo.

Tengo rato de no escribir sobre el centro histórico, mejor se lo dejo a la Miss Trudy, ella si que se toma su tiempo y lo hace bien chilero.

El caso es que este año pensé en escapar del centro y buscar un espacio en donde el tachín, tachín de las bandas no se escuchara, así poder leer, reflexionar, y escribir un poco.

El Adán, tan listo él, me salió con el rollo de ir al puerto de San José, utilizando los buses solidarios, esos que el gobierno puso para toda la mara y que solo se los llevaron y no se los trajeron. En su onda él decía que aquello sería una experiencia antropológica y que de ahí se podría sacar mucho para escribir. En realidad lo que quería era ahorrarse el pasaje, de él y de la novia; pero la patoja no cayó, ella le dijo que no era buena idea, porque las playas estarían infestadas de alimañas, sus palabras fueron: Mirá vos, en esta época hay muchos cacaimanes, pipirañas y popodrilos flotando en la playa; se negó a ir en esas condiciones y lo obligó a gastar algo de los ahorros, pues consiguió un chalet con playa privada. Me invitaron a ir con ellos, pero no quise.

Pensé en acompañarlos, pero no me gusta el sol, no porque vaya a quemarme, recuerden que mi piel es oscura y soporta bien el clima al aire libre. Les aseguro que estuve a punto de ir, al final pudo más mi resistencia a cocinarme a fuego lento en la playa.

Luego de ver la procesión de la reseña decidí que tenía que huir, no importaba a dónde, parece que este año las procesiones crecieron y ocuparon más espacio.

En escapar estaba pensando, mientras caminaba eludiendo a la gente, cuando me encontré a una amiga vieja o vieja amiga, quien andaba de visita, viendo una su procesión; ella vive en un sector medio despoblado, por el cerro Alux. Saludó y sin decir agua va, me soltó: Johan, estoy desesperada, no me recibieron al perro en el hotel canino y eso me va a botar las vacaciones, no lo puedo dejar solo, el perro es de pedigrí y si se queda sin compañía se muere el pobrecito.

Le sugerí que le dejara una cubeta llena de comida y un su cuchumbo con agua, pero ella seguía: Es que no funciona así Johan, es un animal con sentimientos, ojalá consiguiera a alguien que quisiera quedarse en la casa.

De pronto tuve una epifanía, una revelación, una idea pues; recordé que la casa de la doñita queda en medio de un precioso bosque, bastante alejada del mundanal ruido; es una casa pequeña, con tremendo jardín, nada de condominios, así es que me ofrecí a cuidar al chucho. Me lo agradeció desde lo más profundo, dijo que había internet inalámbrico, que podía usar todo en la casa, que dejaría llena la refri, que me la iba a pasar calidá. De plano que quiere mucho a su perro dije yo.

Llegué el jueves temprano, ella y su familia se afanaban en acomodar sus cosas en el auto, para salir. Me invitaron a pasar, me enseñaron la habitación (un estudio con una cama plegable), entré, puse mis cosas en un pequeño closet, quise saludar, pero cuando salí ya no había nadie, se fueron; se quedó todo en silencio, hasta que sonaron unos ladridos, entonces me di cuenta que ni siquiera me presentaron al perro.

Al final del patio estaba un perro que parecía un chiste, grandote y viejo, al nada más verme ladró con alegría, se acercó a olfatearme y fue tan regalado que de una vez me lamió la mano, ahí comenzó el problema.

Se empeñó en que jugara con él, tuve que tirarle una pelota, varias veces, siempre regresaba y pedía más. Intenté meterme en la casa, pero fué peor, se vino corriendo detrás de mí, saltando y haciendo piruetas, sin importarle tirar cosas a su paso; apenas pude salvar un jarrón de la embestida del canino.

Me las ingenié para echarlo de la casa, no sin dificultades, en una de esas el chucho se quedó adentro y yo afuera; al final lo pude sacar. Le di su comidita y su agua, pero no le bastó, el perro quería jugar y no paró de aullar.

Tres días aguanté, solo faltaba uno para que mi amiga regresara, hice lo posible por quedarme, no se pudo, el chucho era insoportable. Terminé llamándola, le dije que su mascota quedaría bien aprovisionada, que me disculpara, que no me guardara rencor, pero el perro me estaba volviendo loco.

Maestros y maestras, esperaba compartir algo de lo que escribiría durante el descanso, no escribí nada; a duras penas pude leer algo.

Al menos me libré del tachín, tachín, y de las cantinas como palos de jacaranda.

Salú pue.