viernes, 3 de octubre de 2008

Profecías

Hace unos días, el Jonás vino con una gran preocupación, según él tenía una profecía importante y quería compartirla conmigo.

A mi no me gustan esas cosas, pero le dije que orale, que lo escucharía, a ver que onda. Pero no paró ahí, luego me pidió que la subiera al blog, porque era de gran importancia; no le creí, pero de repente a alguien más si le interesa, me dijo, así que me convenció.

Me pasó un papel escrito a máquina, casi sin espacios, les transcribo fielmente lo que decía.

En el ltimo a{o del reinado del arbsto, suceder que una gran bolsa caerá desde los cielos, oscureciendo el panorxxma econmco del mundo y llevndos consigo a todas las bolsas del mundo en un agujero negro.

Esto pasar para que l ltimo dscendiente de Caín pueda sentarse en la silla que le ha pertenecido desde el principio de los tixxmpos. Quitndle el lugar al descendiente de quien ha sido culpado de llevar su marca.

Vi que el cxelo se abrió, y he aqu 7na mujer vestida de rojo, con un anmal sobre la cabeza, que sostena en la diestra una paleta de cocina y en la siniestra un delantal, era llamada para hablar en nombre del ltimo descndxxente. Ella se neg, diciendo: Slo soy una pequea Hcky mm que no sabe hablar bien, entonxxces una voz le dijo "toma de la ceniza del altar y comela"; pero la mjer se neg a cmer, diciendo "que porquera" .

Entonces tuve una visn y he aqu que la mujer decía:
"untaremos la democracia por todo el mundo", y luego agrgaba "digo untar porque soy ama de casa".

Vi entonces que la gente dejaba de comprar cosas cxxaras, y de hacer viajes lxxrgos, y usaba ropa sin mrca y todos llrban y se lamntaban, diciendo: "tengo tres hipotecas", y rasgaban sus tarjetas de crdito y se culpaban los unos a los otros.

Entonces el ltimo angel me mostr el fturo, algo que no puedo contar, y pude ver al descendiente de Can llrar arrepentido y maldxxcir a la mujer por no haber comido de la ceniza del templo, porque entnces no poda hablar.

Supongo que la profecía seguía, pero ha estado lloviendo mucho y el resto de la hoja estaba manchada y llena de lodo, al parecer alguien salpicó encima al Jonás cuando venía para acá.

Me explicó que las profecías le llegaban en una especie de "escritura automática" y que, luego de escritas, no podía recordar nada ni aun leyéndolo. Así que olvidénse de las correcciones.

Le dije que mejor orara tiempo extra, para pedir que le fuera enviada una computadora, porque, por lo visto, eso de escribir a máquina no se le da. Dejá de chingar me dijo, luego aseguró que mi futuro se veía negro, y que nada bueno vendría para la humanidad.

Solo pajas sos, le dije.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Diálogos de fútbol

—Ahí viene el Diego miren muchá.

—¿Qué rollo vos Dieguito, qué te habías hecho?

—Mucha tarea en la U, pero yo siempre ando en la jugada.

—El Johan ha estado triste por vos, va vos Johan. ¡Puta muchá!, oyen eso, ¿son balazos o son cuetes?

—Si serán huecos, el Jonás hasta se metió debajo del escritorio, son las chavas del Belga, por ser el último día de clases, de las que se van a graduar, están quemando una ametralladora como de una cuadra; ahorita que yo venía para acá la estaban poniendo.

—A bueno, pero como ahora la situación se puso tensa, por los micrófonos, las estafas y toda esa paja, ya parece que fuera un golpe de estado.

—La hubieran guardado para cuando clasifiquemos al mundial, va vos.

—Simón, y ¿cómo mirás a la sele vos, ¿pensás que va a clasificar?

—Mirá mano, como dice aquel comentarista de la tele, si la sele, como me salió en verso ya saben, gana los tres partidos que le quedan, entonces clasificará a la siguiente ronda.

—Ta fácil entonces.

—Ya vas, esos comentaristas son bien pilas, va muchá; pero ya en serio, que opinan de la sele, vos Adán, ¿vos que decís?

—Mirá mano, el fútbol me la pela; pero el Beto si se engaza con ese rollo, hasta una oda al fútbol escribió el otro día, va vos Beto.

—Pues engazado, engazado, no soy, pero si lo miro, la liga española me gusta, por ejemplo, pero con eso que ahora solo la mirás si tenés eskai, y esa mierda es muy cara, entonces, de plano, le he perdido el interés. Y buena idea mano, no he escrito nada sobre fútbol, pero te voy a tomar la idea, una oda pajera, por ejemplo. Vos Jonás, vos creés que si toda Guatemala se une en oración, pidiendo el milagro de la clasificación, ¿será que se nos hace?

—Puta muchá, como chingan con eso, pero les digo una cosa, me mato de la risa cuando le preguntan a un jugador, antes del partido, ¿dispuestos a ganar? y él responde, todo lo dejamos en las manos de Dios, él es quien decide. Que de a huevo, si pierden no es porque son meros mulas para jugar, es porque Dios no quiso.

—Vos Johan ¿qué opinás?

—Pues aquí el experto es el Diego, muchá, aunque creo que puedo ser más objetivo, digo yo, pero como no sé mucho de fútbol, entonces no cuenta lo que diga.

—Solo pajas es el Johan. Tons vos Diego, vamos a no vamos al mundial.

—Miren pues, todo este rollo es triste muchá, porque Guatemala es, entre los países futboleros del mundo, el peor de todos, y eso no es paja. Por supuesto que se le gana a Belice, a Cuba, a Nicaragua, pero esos no son países futboleros. Por eso si se toma como referencia aquellos países en donde el fútbol es pasión, que el estadio se llena cuando juega la selección, entonces no hay otro que sea más malo que Guatemala, por eso solo queda esperar lo peor, bajar las expectativas, porque si no se clasifica, no pasa nada, y si se clasifica, pues nos ponemos alegres, ya saben a que me refiero, jeje.

—Mirá pues, Diego Iespien tenías que llamarte, si hasta parece que supieras lo que decís.

viernes, 12 de septiembre de 2008

15 de septiembre

— Ya vieron muchá, el centro está de nuevo sitiado, es la segunda vez en el año; primero fue la semana santa, llena de marchas fúnebres; ahora el quince de septiembre, con su tamborileo y, de plano, es imposible circular.

—La independencia dicen, solo pajas es la mara, con tal de sacarle pisto a los papás siguen necios con los desfiles; de todas formas estás de pelex mano.

—Un poquito, pero estoy escribiendo una historia para mi blog.

—Ya viste pues, solo pajas, vaa bos Beto.

—Ujum,

—Ya no me interrumpan pues, tengo que escribir la historia, quiero ir al baño, pero me voy a aguantar, si no pierdo el hilo.

Los dos años que pasé en Guatemala, cuando era niño, me dieron el panorama del país al que regresaría ya siendo adulto. Aprendí el español con alguna dificultad, debido a mi forma de hablar, en ese tiempo conviví con los verdaderos discriminados. De cualquier manera, para la gente, yo era un ente raro. Cuando vivía en Cobán apenas me miraban, pero los viejitos se corrían cuando se topaban conmigo en la calle. Luego supe de la leyenda del negro, y de cómo los finqueros contrataban (o compraban, ¿quién sabe?) a un hombre de mi color, lo dejaban suelto y desnudo, por la noche, entre los cafetales, para prevenir los robos que se hacían a los sembrados. Así que para los viejos yo era una especie de duendecillo negro, y para los ladinos, alguien raro; pero con la fama de santa adquirida por mi madre, nadie se metía conmigo, ni se atrevían a ponerme apodos.

El quince de septiembre los cuques siempre aprovechaban para hacer su propaganda, además buscaban una forma de celebrar, algo que nunca faltaba era la elección de la reina del regimiento.

El primer año, el coronel le ordenó al marido de mi mamá que le diera doscientos quetzales a una muchacha indígena, ella era preciosa y sería la representante del regimiento en las fiestas del siguiente agosto, casi un año después. También se había elegido, a dedo, a una reina ladina, las dos lucirían su belleza durante todo el año.

Normalmente se le daba a la reina ladina una cantidad mayor, recibía el título de madrina del regimiento y se le proporcionaba dinero para ropa, zapatos y maquillaje, todo lo necesario para verse bien en los eventos. A la reina indígena, casi siempre de menos de quince años, se le asignaban, escasamente, unos cincuenta quetzales, para que viera que hacía, pero el coronel quería que la de ese año, como era excepcionalmente bella, tuviera una ropa digna del regimiento y le entregó aquel dinero; al cambio actual serían más de cuatrocientos dólares (vaya si estaré viejo). A la patoja ladina la trajeron de una aldea y era lo que se dice: una ladina pobre. Fue un escándalo en el pueblo, porque no se eligió, como siempre, a alguna hija de finquero. Como no querían hacerla de menos le dieron la misma cantidad de dinero, para que se comprara algo de ropa. La chica y su madre hicieron viaje a la capital para hacer las compras.

El día del desfile, el coronel estaba seguro que lo iban a envidiar, cuando lo vieran del brazo de las dos bellezas, una pelirroja y la otra indígena; pero la primera sorpresa fue que la niña indígena no llevaba ropa nueva, y aunque se miraba bien con lo que traía puesto, era notorio que se trataba de ropa vieja. La segunda sorpresa fue que la pelirroja se había puesto el vestido más feo y vulgar que le pudieron comprar; era una cosa roja, llena de vuelos, fatal mezcla entre un traje de sevillanas y un disfraz de meretriz del Moulin Rouge, súper maquillada, casi parecía un payaso.

El coronel suspiró, frunció el ceño, pero tuvo que desfilar. Más tarde pensó que la pelirroja no había escogido bien el vestido, pero quizá para la fiesta de la noche lo haría mejor, entonces se animó a decirle: vamos a la fiesta por la noche, se me viste bien patoja.

Al baile, la pelirroja llegó con el mismo vestido rojo, la fiesta fue una locura, porque las niñas bien del pueblo se la pasaban cuchichiando. Todo esto lo escuchaba yo al otro día, mientras los adultos de la casa chismeaban.

El marido de mi madre fue conminado a investigar que había pasado con el dinero, así que llamó al padre de la niña indígena y a la madre de la pelirroja, para que llevaran los recibos de lo que habían comprado. En esos tiempos no era común pedir comprobantes, por lo que llegaron con las manos vacías.

Primero llegó el padre de la niña indígena, ante la pregunta solo se limitó a decir: pues la niña tiene ropa y nosotros necesitábamos unos coches y unos chuntos, para celebrar la siembra, así que en eso me gasté el pisto. Era evidente que el hombre pensaba que el dinero había sido un pago por prestar a su hija.

La mamá de la pelirroja llegó al rato, toda agitada, ella si tenía un recibo por ciento cincuenta quetzales, de una tienda de la sexta avenida. El marido de mi madre se reía mientras lo contaba: sabés que compró con ciento cincuenta quetzales: calzones y brasieres. Resulta que la niña no acostumbraba usar ropa interior, y como pensó que si la invitaban a Quetzaltenango, al año siguiente, tendría que dormir con otras patojas y no quería que la juzgaran, por eso le compró ropa interior de lujo, según ella, y con lo que le sobró compró tela, con la que la vecina confeccionó el vestido que utilizó. Eso le dijeron y eso escribió en el informe que presentó al coronel.

—No muchá, ya no aguanto, ahorita regreso.

—Vos Beto, vení, ayudame a terminar la historia del Johan.

—Nel hombre, se va a malear.

—Si no le gusta que lo borre.

Esa noche el coronel levantó a la tropa, a eso de las dos de la mañana, personalmente se encargó de que los tres pelotones a su cargo corrieran diez kilómetros, con la mochila a cuestas, y después, solo por joder, mandó a dos sargentos a la casa de las reinas, para decirles que repusieran el dinero o que se atuvieran a las consecuencias.

La indígena salió huyendo, hacia México, pero sus padres no alcanzaron a llegar al pueblo próximo, la patrulla los alcanzó. La otra se fue a la capital, con sus padres. Se escondieron unos meses en la casa de unos tíos, ahí conoció a un oficial que la cortejó unos días, y ella le terminó contando su historia.

Una tarde del tercer mes, el coronel estaba parado en el umbral de la puerta de la casa de los tíos; se miraba como quien llega de un largo viaje, pero sin equipaje, tenía un gesto de venganza, a su lado estaba el oficial, quien pronto se convirtió en capitán. Los padres no pudieron pronunciar palabra alguna, el coronel tampoco dijo nada, pero el movimiento de su cabeza les indicó que lo siguieran. Estaba claro que el coronel no se iba a quedar solo con las explicaciones.

Ya de regreso en el pueblo, mandó a su mujer con la pelirroja, para que comprara unos trapos decentes; por supuesto, la chica tenía que ir con él, al año siguiente, a Quetzaltenango.

—Aguas que ahí viene el viejo.

—¿Qué onda muchá?, ya vinieron a chingar mi historia, ahora que se quede así.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Milagros y milagreros

Mi madre, quien para nada fue una santa, llegó a ser considerada como tal, luego de una experiencia alucinante que tengo grabada en mi memoria, es uno de los recuerdos más viejos que tengo.

La primera vez que vine a Guatemala, por escasos dos años, fue cuando ella se caso-juntó con un oficial del ejercito que conoció en la frontera. Ella era una mulata excepcionalmente hermosa, tanto que algunos aseguraban que fue la inspiración para aquel libro Carazamba, algo que, históricamente, no puedo negar ni confirmar.

El asunto es que el tipo estaba destacado en Cobán, como oficial de abastos (no sé como le llaman), él se encargaba de tener comida para la tropa y los oficiales, por supuesto tenía que ser cantidad y calidad. Yo no era su hijo, pero me vine con ellos para que, según mi madre, le hiciera compañía y me alejara un poco de mis abuelos, con quienes regresé a vivir, pero eso es otra historia.

El día que sucedió lo que quiero contarles, mi madre llegó de la calle toda apresurada. Como esposa de un oficial (al menos así lo decía el oficial); no importaba ni su color, ni el de su hijo, ella podía usar un carro con chofer. Llenó una caja con provisiones: pasta, sopas, frijoles, arroz, azúcar, pan y aceite; cosas que normalmente abundaban en nuestra casa; llamó al chofer, quien trajo un vetusto jeep donde nos subimos, ella y yo, el bebé (no lo había mencionado, ella tenía un bebé con el oficial) se quedó con la niña qeqchí que lo cuidaba.

Apresurando al chofer, nos dirigimos a una colonia que estaba al otro lado de la ciudad. En ese lugar, alguna compañía extranjera construyó una hilera de casitas de madera, a la orilla del río Cahabón, y con los años las dejaron abandonadas, ahora estaban habitadas por gente muy pobre (aunque, curiosamente, todos eran blancos), quienes se dedicaban a la mecánica y otros oficios. El chofer paró en la última casita, yo me quedé viendo a tres niños que venían de regreso del río, totalmente empapados, su piel blanca y pelo rubio me asustó, por lo brillante. El mayor era más o menos de mi edad, unos seis años, y el más pequeño apenas podía caminar. Atrás de ellos venía una mujer, chiquita y pelirroja, traía puesto un vestido largo, de algodón, floreado, también venía empapada.

Mi madre estaba parada en la puerta de la casa, la mujer, visiblemente asustada, se acercó a abrir la puerta, estaba descalza y sin medias, subimos los tres escalones de la vivienda y entramos a una casa cuya pobreza y suciedad me asustó.

Los niños nos metimos corriendo, mientras la madre les ordenaba cambiarse de ropa y ella, sin cambiarse, atendió a mi madre en un comedor, donde una mesa y tres sillas viejas estaban atiborradas de ropa sin planchar. Riendo nerviosamente le dijo a mi madre que como hacía tanto calor había llevado a los niños a nadar al río, a mi me pareció bastante tonto eso de nadar con ropa.

Mi madre le ordenó al chofer bajar la caja, él la puso sobre la mesa de la cocina y sacó las cosas. La mujer hizo cara de sorpresa, pero de inmediato tomó un cuchillo para abrir una enorme lata de sardinas. Los niños llegaron gritando, agarraron pan y sardinas y los devoraron, demostrando tal hambre, algo que nunca antes había visto; negro y todo, yo jamás pasé un día sin comer. Abrieron otra lata, hasta entonces la mujer le ofreció una silla a mi madre, ella se miraba un poco molesta. Después de comer, los patojos nos fuimos a jugar, pero alcancé a escuchar que la mujer sollozaba, por momentos, otros lloraba a gritos.

Al día siguiente una mujer llegó a ver a mi madre, luego otra y otra. No pedían nada, pero traían noticias. Yo me paraba en la puerta de la cocina para escuchar lo que hablaban, así fue como me enteré que la mujer, a la que llevamos comida, presa de la desesperación, después de haber dado la última miga de pan a los niños, había decidido ahogarlos y ahogarse ella misma en el río. Estaban jugando, mientras ella agarraba valor para hundirlos, cuando escucharon el motor del jeep y no pudo hacerlo. Con la comida que le llevó mi madre se ayudó por un par de semanas, después decidió buscar trabajo y atenderlos, nunca más pensó en matarse ni en matarlos.

El marido de mi madre llegó por la noche con la noticia, ya te convertiste en santa, la gente hablaba de ella como la enviada de dios, la que había logrado parar un suicidio y tres infanticidios. Ella se reía, casi sin parar, mientras le contaba la verdad.

El día anterior había visto a la mujer entrar al cuartel, normalmente llegaba a vender su cuerpecito a los oficiales de turno, era un comercio que no dejaba huellas ni evidencias y que el coronel agradecía, porque era una mujer exótica, por su color de piel, no una india cualquiera, como le escuchó decir. Pero ese día el hombre utilizó sus servicios y no le pagó. La sacó a empujones de la oficina, mi madre la vio salir, humillada y cansada, luego escuchó al militar jactarse, con sus suboficiales, de que al fin se había librado de esa mujer.

A mi madre ese coronel no le simpatizaba para nada, por eso decidió llevarle comida a la mujer, para apoyarla, especialmente porque aquel hombre se burlaba del oficial y de su esposa negra. La casualidad quiso que evitara la muerte de ella y sus hijos, lo que todo mundo consideró un milagro, cosa que dio fama a mi madre y evitó que se le viera mal por su color.

Bueno, está algo pajera la historia, pero debo decir que es cierta. Al final de cuentas un milagro no es más que una casualidad, o no.

viernes, 22 de agosto de 2008

Señales

Hace un mes que no hay taller, resulta que decidí tomarme unas vacaciones, y aunque la mara me sigue buscando y la viejita fiel, una doñita que me trae champurradas y café, siempre llega a dejármelo, yo le digo que vamos a empezar de nuevo en septiembre, que no se desespere, que siga escribiendo y luego discutimos sus textos, ella se queda a platicar un rato y luego se va, algo tristona, porque quiere compartir lo que escribe.

Los ingresos que me provee el taller siempre hacen falta, pero tambien las vacaciones, de todas formas, a pesar de la crisis, siempre hay algo de pisto para salir a comer con los cuates, aunque cada vez menos. Los más asiduos son el Adán y el Beto, el Jonás no siempre viene, pues ahora está predicando doble para ajustar lo del gasto, dice que ha tenido que utilizar las más grandes maldiciones del infierno, para asustar a la gente que no está muy segura, porque ya le está costando bastante vivir.

La cosa es que hemos salido menos que antes, todo por la falta de pisto. El Adán jura que me estoy haciendo viejo y me aseguró que necesito salir, conocer muchachas y cambiar de aire (a uno más viciado, supongo), así que el miércoles 13 llegaron todos alharaquientos a llevarme a una presentación de cuentos policiacos.

El asunto es que el adán se ha contagiado de la moda de la novela negra, y me reta, diciendo que yo no domino el tema. Mira patojo, le digo yo, la cosa con la novela policiaca es siempre de investigación y vos no tenés disciplina para eso.

Por más que intenté explicarle que el universo de la novela debe ajustarse a la realidad intrínseca de la misma (jeje, ya me estoy pareciendo a aquel crítico, aquel hombre); o sea, la construcción de Narnia, requiere que Narnia llegue a existir, con todas sus leyes, incluso si esto significa que la gente vuele o sean centauros. Por eso, cuando se trabaja con estos temas hay realidades indiscutibles que hasta los aficionados conocen, por ejemplo: cuál es el orificio que deja la bala de un AK-47, una uzi o una 38; que diferencia tienen las distintas armas, hasta donde puede dañar un verduguillo… Porque la gente ve programas de detectives en la tele y con eso llega a pensar que sabe bastante, que eso es suficiente, pero eso solo sirve para que se les incremente la fantasía.

Pero bueno, me convencieron. No les voy a contar como estuvo la lectura, sólo diré que por ahí me encontré al Dr. Sabihondo Piláz y, entre cuento y cuento, me comentó que él pensaba que los textos tenían muchos lugares comunes y que se notaba la falta de investigación, yo no le pude argumentar nada al respecto, pues andaba muy cansado y como a los quince minutos de estar sentado me quedé dormido, solo escuché que el Adán le decía al Beto: mira al viejo, pues, siempre se queda dormido en las lecturas. Al rato nos salimos.

El Beto dijo que había oído que en la casa Ibargüen estaban las canelitas finas (esas chavas que andan leyendo por todos lados), y nos fuimos para allá. Creo que los astros estaban alineados en contra, o sería porque andábamos a pie, pues cuando llegamos la actividad estaba terminando. Solo alcanzamos a ver a una mujer, muy impactante, que cantaba boleros. La reconocí de inmediato como una de Las estrellas de la línea, me senté y me transporté a la época cuando con un cuate nos íbamos a dar serenatas románticas en un pueblito del norte del país, guitarras, maracas y la voz de tenor de aquel, lograron que se abrieran, no una, muchas ventanas y corazones. La voz de la mujer era muy buena y su guitarrista era un patojo de barrio, pero con tablas y personalidad. Hasta se echó una de Elvis.

Me quedé pensando en que, de plano, ya me estoy volviendo decadente; me explico, al terminar todo el rollo nos fuimos a echarnos unas frías a las Cien puertas, y un par de chavitos, muy jóvenes ellos, hablaban de las dos actividades y hacían comparaciones, el primero mencionó: que huevos vos, esa vieja si que nada que ver, que canciones más retro; y el otro decía: vos, que originales que son las historias de aquellos. Así que pensé, lo instantáneo y automático les gusta y no les gustan los boleros… En serio que ya estoy viejo.

viernes, 15 de agosto de 2008

Las estrellas de la Filgua

Me fui a la feria no muy convencido. A pesar de que me envían dinero duro (libras esterlinas), la crisis está fregada y no creo conseguir ninguna consultoría en los próximos tres meses. Así que comprar libros, que es algo así como un pecadillo menor en mi pesada situación económica, se convierte en un evento mayor, ante los precios que habitualmente tienen los libros en este país.

Le dije al Adán que lo acompañaba sólo porque el cuate está en su faceta fetichista con los libros e insiste en tenerlos autografiados por su autor, y en la feria andaban varios. Además el Beto y el Jonás le echaron vicks, ambos dijeron que a ellos la feria del libro se las pelaba, entonces no le quedó más remedio que rogarme para que lo acompañara.

Mientras el Adán corría por los pasillos persiguiendo a las estrellas, yo me contenté con ver anaqueles, como niño pobre en juguetería, relamiéndome con los títulos que alguna vez pensé indispensables y riéndome de los fundamentalistas religiosos que también tenían sus stands, con las últimas novedades bíblicas, El secreto y Brahma Kumaris, en extrañísima conjunción.

Debo decir que a mi la mentada feria internacional del libro no me gusta, cada vez la anuncian con mayor pompa, se ve que reciben financiamiento para la promoción, pero los libreros siempre tienen los mismos libros, a precios elevados, las ofertas brillan por su ausencia, casi no hay literatura que valga la pena leer, las actividades son un calco de lo visto otros años, con el agregado de que, este año, pusieron los salones uno junto al otro y las lecturas eran simultáneas, entonces se armaba tal alboroto con el sonido, una verdadera pelea, cada presentador tenía que leer más alto que el vecino para que su exposición fuera audible, un completo mercado; en fin, para que seguir quejándome, mejor les sigo contando.

Andaba por allí un promotor cultural, de pueblo, intentando convencer a algún funcionario del ministerio de cultura para que lo patrocinara en su próximo evento. También me pude dar cuenta como un escritor discutía con otro funcionario, quien le decía insistentemente: su libro está en la lista y será publicado dentro de algunos meses, la cara del escritor denotaba una profunda desesperación.

Un grito me heló la sangre, la mara posmo se hizo presente, me dije a mí mismo, pero no, era un pregón que anunciaba eventos en la sala infantil, ahí un cuenta-cuentos trataba de divertir a un grupo de niños aburridos que hacían berrinche porque querían que les compraran libros, pero todos los papás coincidían en que estaban carísimos.

Terminé comprándome un par de libros en la tipografía nacional, los únicos baratos de todo el salón y comiéndome un par de tacos, mal hechos, en el área de restaurantes, a todo esto el Adán había desaparecido.

Ya entrada la noche me metí a una conferencia, que apenas se escuchaba, de la que salí casi espantado, para encontrarme a un circulo de jóvenes, y otros no tanto, que leían la poesía erótica más ingenua que he escuchado en mi vida.

El Adán me alcanzó para contarme que algunos de sus ídolos no habían querido firmarle los libros, incluyendo una mujer que caminaba como diosa por la feria.

Observé a un padre que, pacientemente, trataba de convencer a su hijo, para cambiar una lujosa edición de la odisea, bellamente ilustrada, por un librito más barato y leible, resulta que el niño creía que aquello era una tira cómica.

Cuando salimos, le tuve que ajustar al Adán para el taxi, porque se había quedado limpio, entonces comprendí que las verdaderas estrellas de la Filgua eran todos aquellos que, intentando leer en un país de analfabetos, habían ido a la feria con la esperanza de encontrar libros baratos y actividades interesantes.

viernes, 1 de agosto de 2008

Entrevista pajera con Chepito King Lopezca

El Pepe Luis anda emocionado, por estos días, dice que ha inventado un nuevo género de entrevista, la entrevista virtual dice él que se llama. Eso ya existe le dije yo, pero él necio, claro que existe, yo la inventé, volvió a repetir y agregó, si querés te demuestro ahorita mismo como se hace, y dicho y hecho, casualmente en ese momento se apareció por la web el maestro y pionero de los blogs, Chepito King Lopezca y sin mediar palabra inició con la preguntadera. Dos horas después el resultado quedó a la vista. Aquí se los dejo.

Entrevista pajera con el maestro Chepito King Lopezca
Por Pepe Luis Cardamomo

¿Pregunta de rigor maestro, como se inicia en el mundo bloguero?
Al ver que cualquiera podía escribir cualquier cosa impunemente en un blog, y que además había quién leyera, me tiré al agua sin pensarlo mucho en marzo 2004

¿Desde el inicio fueron anécdotas?
La idea inicial era escribir relatos, cuentos, pero yo no sabía si me saldrían. Entonces había que contar anécdotas.

¿Es cierto que cuando era chiquito una pitonisa le profetizó que llegaría convertirse en bloguero?
No, me profetizó que yo sería globero, de esos que venden globos.

Ya veo, ¿todo fue una confusión de términos entonces?
Pues no tanto, ambos, el globero y el bloguero, venden aire.

¿Y considera que está vendiendo sus anécdotas?
Pues ahora ya no son tan anécdotas, son mal que bien, relatos. "Vender" no siempre se trata de dinero, se trata de transacción: yo escribo, usted me lee y comenta.

¿Y qué gana con que lo lean o lo comenten?
El ego, siempre se siente bien cuando a uno le dicen que lo que escribió está bonito. El problema está cuando te dicen que no les gusta o no se entiende. Si no dígale a cualquier escritor chapín que lo suyo no es tan bueno que digamos y me cuenta.

Sé de que me habla, ¿qué tan auto-crítico es?
Esa es una buena pregunta. La verdad es que no sé, pero a mí me gusta lo que escribo, si no, no lo pondría en el blog.

¿Es usted posmoderno? ¿se siente posmoderno?
No, yo soy Chepito King y me siento Chepito King

¿cree usted que exista algo o algún lugar llamado posmodernidad?
Pos la verdad es que no sé. Pero a más de alguno parece que le gusta ir por ahí.

¿O cree que es un invento para vender libros o promocionar estrellas literarias?
Puede ser, y si se venden más libros así, pues que lo hagan.

¿Qué opina de los libros, en general? publicaría un libro?
Pues si es un buen libro, lo disfruto, si es uno malo, lo abandono. Si se puede pensar en que un libro mío agote su primera edición, pues me aviento.

Pero eso no hay manera de garantizarlo, no es como pedir treinta y cinco comentarios
No, claro que no, pero lo que quiero decir es que la meta es agotar la edición y no sólo publicar en papel.

Es cierto, para una edición debe ser agotador estar todo el tiempo en los estantes de la librería, ¿no cree?
Es más agotador para los estantes, se me ocurre.

Que ocurrente maestro. ¿Financiaría un libro suyo, es decir, pondría de su pisto para publicarlo?
Claro que sí.

¿Y uno mío?
Claro que no.

Tiene 4 años en la blogósfera, ¿siente que es un pionero?
Más bien soy un aguantador.

¿Alguien lo ha querido expulsar?
Cuando tenía 13 años jugué un par de partidos de fut en el CEJUSA, pero sólo me sacaron amarilla.

No entraba shuco en aquel entonces, ¿entonces?
No, fue porque dije "¡pónganle huevos muchá!"

Era mucho pedir, de plano, y ahora, en el blog, ¿entra shuco? ¿ha agredido a alguien?
No, a nadie, ni si quiera metafóricamente.

¿Y alguien se ha sentido ofendido por lo que usted escribe?
Sí, algunas veces

Que sentidos, ¿y en qué sentido?
A veces el lector no distingue entre personaje y narrador.

¿Lo han plagiado alguna vez?
Sí, una vez un tipo argentino copió varios textos del blog y los colocó en el suyo, sin decir de quién eran o de dónde los habías sacado.

¿No me diga que fue un gordito cabezón que se hace llamar Casciari?
No, no fue él, yo leo su blog y no he notado nada.

Le cuento que él dice que cuenta anécdotas mejoradas, hay que estar alertas.
Sí, Hernán envía alertas de cuando escribe, por mail.

¿Cuál es la intención de seguir manteniendo un blog después de cuatro años?
Mejorar mi escritura y ganar unos cuantos dólares.

¿O sea que algo se va ganando?
Se perdió la comunicación por un instante, me podría repetir su respuesta?
la respuesta fue: Alguito.

¿Podría vivir solo de escribir en un blog?
Del mío no.

¿Y de otro blog?
De uno suficientemente comercial, sí se puede.

Entonces tendría que dejar de escribir, para hacerlo comercial?
No, lo más fácil es montarse otro blog que sea comercial y esperar unos dos o tres años.

Entiendo. Cuatro años en la web es toda una eternidad, supongo que ha visto nacer y morir infinidad de blogs.
Sí, he visto varios. Empiezan con entusiasmo y después de algún tiempo se cansan.

¿Cuál es la esperanza de vida de un blog, sabría calcularla?
EV = OC / EdA.
En donde:
EV = esperanza de vida
OC = objetivos conseguidos
EdA = espectativas del autor
Cuando OC es muy pequeño, se abandona rápido. Cuando OC es casi igual que EdA, también suele suceder.
También hay unos que amenazan con irse y no se van. La que es vuelve.

Supongo que muchos hacen falsos finales.
Sí, la estrategia es decir: "me voy me voy, cómo sufro, ya conseguí lo que quería, etc, etc". Los lectores entonces tienen que pedirle al bloguero de turno que no se vaya, que no pueden vivir sin él. Y vuelve, triunfal, aclamado por todos sus 4 lectores.

¿Tiene usted muchos lectores?
Una buena cantidad de visitas sí. Pero lectores, lectores, yo calculo que no son tantos.

¿Serán más de 5?
Sí, creo que sí.

Se la voy a poner difícil, que opina de la blogósfera chapina, se atrevería mencionar algún blog que no debería estar?
Cuando yo empecé, éramos siete blogs chapines, ahora dicen que ya son seiscientos. No creo que haya alguno que no deba estar. ¿A quién hace daño que tal o cual tenga un blog y hable de lo que se le ronque la gana?
Ahora, sobre la blogosfera chapina: me ha alegrado encontrarme con blogs que a mí me gustan, otros sólo me interesan. Los que no me gustan o no conozco, no los leo.

Sería interesante que pudiera leer los que no conoce, pienso, es una broma maestro. ¿Y alguien le ha dicho que su blog no debería existir?
Sí, claro, búrlese de mis lapsus, para eso son los blogs a veces, para burlarse los unos de los otros. No me acuerdo si me han dicho que mi blog no debería existir.

¿Qué es lo más feo que le han dicho en un comentario en su blog?
Han insultado varias veces, pero la verdad no me acuerdo de una en particular. Cuando pasa de cierto límite, los borro, pero borro muy pocos, en general no me tomo muy a pecho los comentarios.

¿Ha tenido un troll?
Se aburren de trollear conmigo, porque no les hago mucho caso, ni les respondo.

¿Podría tener a un troll como mascota?
"Trollear", esa palabra queda muy fea.

Suena como a Follar, jeje.
Si es un troll adorable por ser ingenuo y de poco seso, pues sería divertido.

¿Cree que un troll es un bloguero frustrado?
Prefiero imaginarme que es alguien a quien le gusta chingar.

Ha sido usted troll alguna vez?
No niego que a veces me gusta llevar la contraria, y probar qué tanto se toma en serio el dueño del blog en donde comento. La susceptibilidad, a veces, hace que la gente piense que quien dice que no está de acuerdo con algo es un troll o un envidioso. En todo caso, si digo algo que pueda ofender a alguien, me disculpo o me retracto. Con eso no me hago problema.

¿Se considera un Blogstar?
No.

¿Existen Blogstar, conoce alguno que crea serlo o que lo sea?
Los blogstars andan más por España, México o Argentina, y todos, absolutamente todos, responden que no son blogstars.

¿Y en Guatemala, piensa que alguno se considera Blogstar?
No creo.

Por cierto, antes lo veía comentar más en blogs ajenos, ¿cuál es el motivo por el que ya casi no lo hace? Será un síntoma del Blogstar?
No, es más bien una combinación de cosas: la gente susceptible porque yo le llevo la contraria, y la enfermedad y muerte de mi papá.

Es comprensible.
Ya para ir terminando maestro, ha sido usted muy generoso con sus respuestas. ¿Cuál cree que sea el futuro del blog?
El blog es un formato de presentación de contenidos, ahora de moda. Sobre su futuro, no sé mucho. Yo espero escribir durante mucho tiempo en internet y que haya quién lea lo que escribo. En el formato que sea.

¿Compite el blog con el libro?, ¿desplazará el blog al libro?
Pongámoslo de otro modo: ¿Compite la literatura en la web con los libros? ¿Desplazará la literatura en la web a los libros?

¿Me va a entrevistar usted a mi?
Yo pienso que la literatura en la web terminará desplazando al libro de papel. Pero aún no, falta mucho. Todavía es más incómodo leer en una pantalla que en un libro. Cuando el internet sea tan portable que se pueda leer cómodo, y se pueda leer en el baño o en la camioneta, ahí se terminara el libro.

Son predicciones apocalípticas maestro, si se considera que en Japón ya publican novelas por medio de mensajes de texto, ¿quiere decir que el fin está cerca?
No está cerca. Hay una relación fetichista con el libro como objeto, de parte de los que ahora compran libros. Eso costará mucho erradicarlo.

¿Quiere usted erradicar el libro, acaso?
No, claro que no, al libro entendido como un documento físico o electrónico que contiene literatura, no. Al libro de papel es al que le veo un final. Quizá me equivoque.

Como pudimos leer, líneas arriba, hay anécdotas para rato. ¿Tendría unas palabras finales para sus lectores y para el bloguero que se inicia y para el que quiere abandonar la blogósfera?
Gracias por la entrevista pajera. Si alguien tiene un blog que procure pasársela bien escribiendo y recibiendo comentarios. Si se aburre, que lo abandone. No hay que hacerse bolas.

Gracias maestro, sabias palabras.